Durante su reinado, sometió una nueva rebelión de Babilonia y se enfrentó con los egipcios en Filistea. En el 689 consiguió la rendición final de los babilonios, destruyó parte de la ciudad, la inundó y se llevó sus riquezas. Con los restos de la ciudad, reconstruyó los templos de Asur que sustituyó a Babilonia como centro de liderazgo religioso. Trató siempre de mantener el imperio asirio heredado sin mostrar excesivas pretensiones expansionistas. Murió, en 680 a.C., asesinado por su hijo Arda- Mulisis. Según los judíos fue la justa compensación por su ataque a Jerusalén, durante el regreso de su campaña contra Egipto y, según los babilonios, fue la justa compensación por la destrucción de la ciudad sagrada, Babilonia. Según la Biblia, cuando Senaquerib sitió Jerusalén (701 aC.), el rey judío, Ezequías, le entregó gran parte de los tesoros del templo para evitar la toma de la ciudad. Los asirios no desistieron y conminaron a la rendición, pero el profeta Isaías aconsejó al rey que no se rindieran; esa noche un ángel enviado por Yahvéh mató a 185000 soldados asiros mientras dormían y al amanacer los supervivientes huyeron (¡pamplinas!).
Su hijo Esarhaddon (Asaradón, r.680-669 a.C.), apoyado
por el oráculo, tomó el poder haciendo huir al asesino de su
padre. Durante su reinado, derrotó al faraón Taharga de
la XXV Dinastía, originaria de Nubia. Capturó Menfis
y con el botín de guerra financió la reconstrucción
de Babilonia, modificando la política iniciada por su padre.
Los asirios controlaron la parte conquistada de Egipto mediante nuevos gobernadores
y funcionarios e impusieron el pago regular de tributos.
En esa época, los eclipses de sol eran un mal presagio para un rey pues se le consideraba amenazado de muerte. La astrología era una ciencia muy avanzada y las predicciones de sus expertos se basaban en precisas observaciones astronómicas. Si Júpiter era visible, el rey estaba a salvo, si un eclipse oscurecía uno de los cuadrantes inferiores de la Luna el rey asirio estaba amenazado. El monarca podía emprender acciones evasivas, situando en el trono a un sustituto, desviando a éste el mal augurio. Sustituto que, a los cien días del eclipse, era asesinado y enterrado con honores reales. Durante el reinado de Esarhaddon, el truco se puso en práctica seis veces y seis desgraciados fueron enterrados con honores reales.
Agobiado por problemas de salud, desde la infancia, que siempre creyó castigo de los dioses, repartió el imperio entre sus dos hijos, Asurbanipal y Shamash-shun-ukim, que a su muerte tomaron el poder. Asurbanipal sofocó una rebelión egipcia derrotando al faraón Thaharga que tuvo que huir a Tebas, pero su sucesor, Tautamani invadió Menfis, aunque no tardó en ser derrotado por Asurbanipal, que regresó a Nínive con un gran botín. Más tarde invadió Elam y saqueó Susa, destruyendo sus templos, sembrando de sal los campos y llevándose las estatuas de los dioses y los tesoros.
La división del imperio funcionó bien durante 16 años, ya que Shamash-shun-ukin aceptó el papel de subordinado de su hermano, permitiendo sus constantes injerencias en los asuntos internos de su reino de Babilonia. Pero, en el 652 a.C., estalló, de forma repentina, la guerra civil entre los dos reinos, durante la que los babilonios contaron con el apoyo de los elamitas árabes y de las tribus del sur. En el 648, tras ser asesinado Shamash e incendiada la ciudad, Asurbanipal se hizo con el control absoluto de los dos reinos. La paz duró 21 años.
Se cree que murió en el 627. A su muerte, un dirigente babilonio, llamado Nabopolasar, "El hijo de nadie", que, desde hacía tiempo, se había convertido en una amenaza para Asiria, envió sus ejércitos babilonios, bajo el mando de Ciaxares, contra Nínive. Tomaron Asur y otras ciudades y en el año 612 a.C., tras un largo asedio, arrasaron Nínive. Destruyeron los templos y estatuas de los reyes asirios, así como muchos de los escritos que celosamente guardaba la biblioteca creada por Asurbanipal.
Nabopolasar escribió:
"Aniquilé la zona de Subartu (Asiria),
convertí las hostiles tierras en cascotes y ruinas.
Los asirios que, desde días lejanos, han gobernado
Sobre todas las gentes con su pesado yugo,
han llevado el dolor a todos los pueblos de la tierra,
sus pies hice retroceder de Akkad, su yugo rechacé".
Los egipcios, antiguos aliados de los asirios, tras derrotar, en Megido, a Josah, rey de Judea, se establecieron en Carchemi. En el 605, los babilonios los expulsaron y aniquilaron su ejército en la región de Hama, durante una campaña dirigida por el hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor.
Nabucodonosor, a la muerte de su padre, fue coronado rey (605
a.C.) en Babilonia. Continuó sus incursiones en Siria y Palestina
y, en el año 601, atacó Egipto, donde encontró fuerte
resistencia. El 16 de marzo de 579, cayó la ciudad de Jerusalén, que se había
rebelado tres años antes. El rey judío, Jehoiachin,
su corte y súbditos de alta alcurnia fueron deportados a Babilonia.
Jerusalén se rebeló de nuevo, más tarde, y volvió
a ser sometida y nuevas deportaciones tuvieron lugar.
A Nabucodonosor le sucedieron su hijo, Amel- Marduk (Evil-Marodach,
en la Biblia). Y a éste su cuñado y, después, el
hijo de éste que, siguiendo el destino de muchos de los reyes de entonces,
terminó siendo asesinado. Los conspiradores eligieron como rey a Nabonid
(559-539 a.C.) que resultó ser un soberano extraordinario. Era hijo
del gobernador de Harran y de la sacerdotisa de la diosa Luna, Sin,
de aquella ciudad. Cuando ésta murió a los 104 años de
edad, su hijo, que la adoraba, hizo que la enterrasen con todos los honores
regios. Fue devoto de Sin y reconstruyó sus templos en Ur y
Harran. También restauró los templos de Summer y
de Akkad y concentró en un museo muchos de los tesoros hallados
durante los milenios anteriores.
Su preferencia por mantener la corte en Harran le supuso muchas enemistades
internas y los sacerdotes de varias ciudades iniciaron una fuerte oposición
al rey. Le acusaron de ser el responsable de la hambruna y de las enfermedades
que azotaban Babilonia. Nabonid tuvo que abandonar Babilonia y se trasladó
a Taima, al NO de Arabia. Permaneció diez años entre
los árabes. La propaganda persa posterior sugirió que Nabonid
había sido un hereje que ignoró el culto a Marduk. Al
parecer, en su destierro se volvió loco y padeció graves enfermedades.
Esto fue utilizado por la Biblia, que le identificó con Nabucodonosor.
De esta manera sus padecimientos fueron interpretados como el castigo de
Jahvéh por la destrucción del templo de Jerusalén.
El profeta Daniel nos dice: "El rey fue arrojado de entre los hombres
y se alimentó de yerba como los bueyes" (como es notorio,
en el libro sagrado se confunden los hechos con harta frecuencia).
Nabonid regresó de Taima, hacia el 545 a., cuando los medos
y persas ya habían dominado Lidia (547 a.), región localizada
en la actual Turquía, cuya historia recogemos en la Historia de Herodoto.
Babilonia caería, también, bajo el dominio persa, como quince
años más tarde ocurriría con Egipto. Los persas extendieron
su imperio en Asia bajo el reinado de Ciro II "el Grande". Ciro, de
ascendencia Meda, era nieto del rey medo Astiages, encabezó una revuelta
contra su abuelo, se alió con Babilonia y tras vencer a su enemigo,
obtuvo el control de lo que actualmente es Irán, así como de
las provincias de Asiria, Mesopotamia, Siria, Armenia, y Capadocia. También
invadió la parte occidental de la India, sometiendo a las tribus nómadas.
El dominio persa, en Asia Menor, se mantuvo hasta las campañas expansionistas
griegas, llevadas a cabo por el macedonio, Alejandro Magno, en el siglo IV
a.C. que derrotó a Dario II y destruyó Persépolis.
Tras la conquista de Babilonia (539 a.C.) por Ciro "El Grande", Nabonid fue nombrado gobernador de la ciudad de Carmania, al sur de Irán. El destino de su hijo, el rey Baltasar de la Biblia, se desconoce en realidad. Los dioses que Nabonid introdujo en Babilonia fueron devueltos a sus lugares de origen y Ciro restauró el culto a Marduk. Con lo que se convirtió, después de la herejía de Nabonid, en el "soberano del mundo" aceptado por todos. Los babilonios le reverenciaron, una vez superados los desastres padecidos atribuidos al hereje.
Ciro fue considerado por los judíos como un salvador enviado
por Jehová para: liberarles del largo cautiverio padecido, devolverles
a Jerusalén y autorizar la reconstrucción del templo. Ciro
publicó un edicto en el que se decía: "Yahvéh...me
ha encomendado construirle un templo en Jerusalén de Judá.
Quien de entre vosotros sea de su pueblo, que suba y que su Dios esté
con él". Así se cumplía la promesa de Jahvéh,
según el profeta Jeremías: "Cuando acaben los setenta
años concedidos a Babilonia, yo os visitaré y cumpliré
en vostros mi promesa de devolveros a vuestra tierra" Jer. 29:10 (¡uf?).
Ciro fue un gobernante ejemplar y un gran diplomático que acompañó su reinado de una profusa propaganda que los siglos nos han trasmitido. Concedió a sus súbditos libertad religiosa e impuso razonables tributos en las zonas conquistadas. Fue un rey austero; de hecho, la ciudad de Pasagarda, que construyó con ayuda de artesanos lidios, fue modesta si la comparamos con los lujosos edificios babilónicos y asirios de épocas anteriores. Ciro murió en el año 530 a., posiblemente mientras combatía con las tribus del nordeste de Mesopotamia. En la historia de Herodoto se atribuye su muerte al enfrentamiento con los masagetas, pueblo situado en las cercanías del Mar Caspio, en la zona del río Axares . Fue enterrado en una discreta tumba, que todavía se conserva en Pasagarda, un túmulo en forma de pequeño zigurat. Su imperio pasó a su hijo Cambises. (Mapa con las conquistas de Ciro)
Cambises había acompañado a su padre en la campaña
de Babilonia y se sabe que participó en las fiestas de Año
Nuevo, que los babilonios celebraban con el comienzo de la primavera.
Aunque residía en Babilonia, mantuvo el título de rey de Persia.
Su mayor logro militar fue la conquista de Egipto, en 525 a., tras la derrota,
en la batalla de Pelusio, del hijo del faraón Amasis que había
muerto el año anterior, después de 40 años de reinado.
Cambises fue proclamado faraón, asumiendo, incluso, las tareas religiosas
de los faraones nativos, pero pronto encontró la oposición de
los sacerdotes, cuyo poder había tratado de socavar, que le tildaron
de déspota, tirano y demente (con la iglesia había topado).
Cambises salió de Egipto, pero falleció antes de llegar a Persia.
Darío I (521-486 a.C.), su sucesor, se hizo con el poder mediante
una serie de estratagemas, llegando a asesinar al legítimo heredero
de Cambises, su hermano Esmerdis, al que acusó de haber asesinado
al rey, para evitar que retomara el gobierno de Persia que, durante su estancia
en Egipto, él había ejercido.