
Fue de tal calibre la impresión que nos produjo la visita, que no hemos podido resistir la tentación de realizar esta página en homenaje de Guadalupe, de su Monasterio, de los monjes Jerónimos que lo hicieron posible, con el desarrollo de una inmensa tarea de más de cuatrocientos años hasta su forzada exclaustración en 1835, y de los Franciscanos que tomaron el testigo en 1908 para acometer la magna obra de restauración y conservación del santuario, tras el incomprensible, pero progresivo abandono y deterioro que sufrió el monasterio en el siglo XIX.
Antes
de entrar en la historia de la Virgen de Guadalupe y del Monasterio y en
la fugaz contemplación de algunas de las maravillas que éste
encierra celosamente, queremos hacer una consideración a nuestros
visitantes, muy en línea con todo lo que publicamos dentro y fuera
de la Red de Redes. A nosotros lo que más nos ha impresionado de
Guadalupe es, una vez más, la magia que encierra toda obra humana
cuando es fruto de la relación con los DIOSES, relación que
siempre ha sido fuente eterna de inspiración de lo mejor y más
sublime que ha creado el hombre bajo el inimaginable poder que le otorga
su fe en lo sobrenatural. Este es un fenómeno que una y otra vez
no deja de sorprendernos a los racionalistas, especialmente cuando contemplamos
el devenir de la sociedad contemporánea, la creciente ausencia de
fe en lo divino y las raras manifestaciones "arte puro" de nuestro descreído
siglo.
En el caso de Guadalupe bastó el hallazgo de una pequeña talla de madera, ennegrecida, de la Virgen María con el Niño que había sido enterrada junto a un pequeño y "escondido río"- "Guadalupe", en árabe - para desencadenar una serie de acontecimientos cuyo alcance superó cualquier posible vaticinio hecho en aquella época. Aquel acontecimiento fue origen, como también veremos, de la mayor "empresa" agropecuaria española de finales de la Edad Media y de toda la Edad Moderna y de la difusión universal del culto mariano en el imperio español. A esto último contribuyeron de forma especial, en el siglo XVI los conquistadores de América de origen extremeño.
La Puebla está situada en la falda meridional del cerro de Altamira, ramificación de la Sierra de las Villuercas. Tiene 648 metros de altitud y desde su fundación ha sido siempre tierra extremeña, adscrita en 1833 a la provincia de Cáceres.

El monumento histórico-artístico de mayor importancia el Real Monasterio y Santuario de Santa María de Guadalupe, declarada Patrona de las Extremadura en 1907 y Reina de las Españas el 12 de Octubre de 1928.
La Leyenda de la Santa Imagen
de Nuestra Señora de
Guadalupe
La Imagen con uno de sus vestidos de gala
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que obtuvo conmovida respuesta del pontífice, Gregorio, que presidía la procesión:

En el año 714, unos clérigos de Sevilla, que huían del peligro sarraceno, llevaron la imagen hasta Extremadura y la escondieron junto al río Guadalupe, que significa "río escondido" (como el flujo vital de alguna "Lupe" o "Lupita") que recorre el valle al sur de la sierra de Altamira, no lejos de las Villuercas. Hermosos paisajes que tuvimos la ocasión de contemplar en un bello atardecer, según abandonábamos y nos alejábamos de la Puebla. Durante seis siglos estuvo perdido el culto a esta imagen, hasta que los prodigios estallaron de nuevo en el siglo XIII, poco después de la recristianización de aquellos territorios.
La leyenda pertenece al periodo de "apariciones a pastores" tan característico de los siglos XI al XV de la iconología mariana española, y que se ha repetido, esporádicamente, durante siglos posteriores hasta nuestros días. Y, por lo tanto, de pura leyenda deberían entenderse los acontecimientos, relacionados con la talla de madera, anteriores al siglo XIII.
artista
desconocido, a finales del siglo XII. Pertenece al grupo de "vírgenes
negras" de la Europa occidental de los siglos XI y XII y responde a un
esquema románico bastante conocido en los ambientes cristianos de
la Edad Media.
Se aplicaba a la Vigen María el protagonismo de un pasaje del Cantar de los Cantares por el que Nuestra Señora habría dicho:
Mide la talla, 59 centímetros y pesa 4 kilogramos y su rostro es más negro que moreno. Viste túnica de color verde oliva, con vueltas en rojo bermellón, sobrecuello imitando bordado en hilo, puños de la manga dorados y manto color ocre-marrón. Ostenta un velo o toca de color blanco, con vueltas de color bermellón. Como decoración de sus vestiduras, cuatro flores tetralobuladas, dos en el pecho y una debajo de su mano derecha, símbolo de su triple virginidad: Antes del parto, en el parto y después del parto; y la cuarta en la parte inferior de su túnica, signo de su poder celestial.
El Niño es una talla sedente del mismo estilo, mide veintitrés centímetros de largo y pesa doscientos gramos. La mano derecha del Niño es de plata, labrada en el siglo XVI en sustitución de la primitiva, y está en actitud de bendecir.
Su aparición en Extremadura ocurre en una época de intensa devoción mariana, en el reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284) o algo después, con Sancho IV o Fernando IV (1295-1312). La imagen actual es la primitiva y original y, en torno a ella, se ha desarrollado la vida del santuario durante ocho siglos. A través del tiempo la imagen ha tenido algunas modificaciones: La más antigua se hizo en época anterior a 1389, fue para presentarla vestida con saya, manto y toca y la más moderna es la de 1984. Esta imagen es hoy, como ayer, un tesoro escondido entre las sierras de Guadalupe y todo un símbolo en Extremadura y en los países de habla hispana en los que sus copias o trasuntos se han multiplicado con el correr de la historia. Por aclamación popular y aprobación pontificia es la Patrona de Extremadura y es llamada la Reina de la Hispanidad
Con
el paso del tiempo fama del monasterio se extendió por toda España
y por todo el mundo. Nueve códices de Milagros de Nuestra Señora
de Guadalupe, testimonian la devoción universal de las gentes.
La presencia, desde el siglo XVI, de los españoles en varios lugares
de la Tierra, la importancia de nuestro ejército, de nuestras letras
y la fuerte evangelización llevada a cabo ejercieron gran influencia
en otros pueblos a los que, entre otros valores se trasmitió la
devoción guadalupense, en ese tiempo la más extendida y fomentada
en España.
Durante los siglos XV, XVI, XVII, fueron las demandas o facultad de pedir limosna para el santuario por todas partes una muestra de la devoción a la Virgen. Las gentes de Castilla y de Portugal concurrían con generosos donativos, que eran después bien invertidos en beneficio de los peregrinos pobres y en la asistencia de enfermos en los cuatro hospitales que atendía la santa casa.
Desde el siglo XV hasta el XVIII el santuario disfruto del privilegio de la manda forzosa. Todas las personas acomodadas debían dejar en sus testamentos algunas mandas en favor del santuario; compartía entonces ese honor con los santuarios de Jerusalén, Roma y Compostela.
En España son numerosos los santuarios dedicados a la virgen de Guadalupe, además de los de Extremadura, destacan los de Hondarribia (antes Fuenterrabía), Guadalupe (Murcia), Rianxo (La Coruña), Gavellar (Ubeda). Además son numerosísimas las ermitas diseminadas por toda geografía española.
Fuera de España, hay santuarios en Portugal, Polonia, Rio-Muni, y en especial en América y filipinas, donde más de 600 lugares llevan el nombre de Guadalupe, y en donde destacan los santuarios de Nuestra Señora de Guadalupe de Tepeyac, villa de Guadalupe(México); de Sucre y en Mizque (Bolivia); Pascamayo, Nespeña, Balsas, Nasca y Ayquina (Perú); de Quito (Ecuador); de Quinche (Quito-Ecuador); Santa Fe de Bogotá (Colombia); y la catedral de Basse-Terre y Point-á-Pitre (Antillas) en la isla que, descubiertas por Colón el 4 de noviembre de 1993, recibió el nombre de Guadalupe. La isla fue cedida a Francia en 1635 y en la actualidad está considerada como un departamento francés. Junto a todos estos santuarios hay numerosos templos que albergan imágenes de la Virgen de Guadalupe. Ningúna denominación de la Virgen María está más íntimamente unido a los hechos que integran ese amplio concepto de la Hispanidad que Nuestra Señora de Guadalupe. Aquí y allí. En España y en América. De ahí el merecido título de Reina de la Hispanidad.