
Las repercusiones negativas de la crisis del Antiguo Régimen
sobre las economías monásticas fueron especialmente intensas.
Guadalupe, pese al tamaño de su hacienda, no fue una excepción.
La "casa" comenzó a padecer un preocupante y crónico desequilibrio
financiero desde la segunda mitad de los ochenta. Los "números rojos"
fueron producto, básicamente, del descenso de los beneficios de
su cabaña trashumante, del encarecimiento de los granos y de la
pérdida de la mayor parte de sus privilegios y derechos decimales.
Ahora bien, el análisis del declive económico del monasterio
no debe circunscribirse al examen de las cuentas: hemos de fijarnos, asimismo,
en el progresivo deterioro de la situación política del clero
regular, en general, y de los jerónimos de Guadalupe, en particular;
ya que tal proceso constituirá un factor primordial a la hora de
explicar el devenir de las comunidades religiosas, y también de
la "casa", desde el estallido de la Guerra de la Independencia hasta la
definitiva exclaustración de 1835. En otras palabras: en las dos
décadas que precedieron al conflicto bélico con las tropas
napoleónicas, la crisis de las economías monásticas
era más profunda de lo que sugieren los guarismos de sus respectivos
libros de cuentas.
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Epílogo
La puebla de Guadalupe, sometida al señorío del prior, gozó de paz y de bienestar, pero en diversas ocasiones se opuso a sus prerrogativas, organizando ruidosos alborotos y pleitos, durante los primeros tres siglos de señorío, con la intención de sacudirse el vasallaje y de alcanzar un concejo propio del pueblo.
Después de 463 años, cesó el régimen civil del prior, iniciado en 1348 durante el priorato secular y mantenido en la figura del prior desde 1389. Las nuevas tendencias liberales fueron la causa del decreto de la regencia, de 6 de agosto de 1811, de extinción total de los señoríos jurisdiccionales españoles que después fue recogido en la Constitución de Cádiz de 1812.
Durante el priorato jerónimo, la población de Guadalupe nunca pasó de mil vecinos, en la actualidad son unos 2500, y se dio empleo a unos 650 trabajadores fijos en los diversos oficios. Esto exigió disponer de grandes sumas de dinero para atender a salarios y gastos. Aunque durante casi todo el periodo se mantuvo un buen nivel económico el declive económico definitivo de la "casa" se había iniciado antes de finalizar el Setecientos debido al agotamiento del modelo de crecimiento agrario extensivo del interior peninsular y al menor dinamismo y mayor irregularidad de las exportaciones de lana.
No obstante, la decadencia de aquélla se aceleró bruscamente a raíz de las importantísimas destrucciones y robos que sufrieron sus cabañas y granjas agrícolas en el transcurso de la Guerra de la Independencia. Los jerónimos fueron incapaces de restaurar sus explotaciones agrarias: el grado de endeudamiento del monasterio ya era elevado al iniciarse el conflicto bélico, las posibilidades de obtener financiación externa en gran escala eran mínimas después de lo que había acontecido entre 1808 y 1814 y aquéllos no estaban dispuestos a sacrificar una parte importante de su patrimonio territorial a fin de obtener los fondos de inversión necesarios para reconstruir sus granjas y cabañas; además, los propios monjes comenzaron a dudar de la perdurabilidad de su "casa", sobre todo a raíz de la exclaustración que padecieron durante el trienio liberal. Esa aludida incapacidad comportó que el monasterio se convirtiese en una gran "empresa" de carácter básicamente rentista desde 1810 y que sus ingresos y gastos descendiesen de manera drástica.
Pese al fuerte deterioro económico que había experimentado, la "casa", después de la Guerra de la Independencia, aún disponía de suficientes recursos para sostener a una amplia comunidad religiosa, pero ya no estaba en condiciones de sufragar los gastos de una extensa oferta benéfico-asistencial que frenase el deterioro de su imagen en una sociedad cuyos planteamientos y actitudes ante el clero regular tendían a ser cada vez más críticos. La comunidad jerónima guadalupense quedó desplazada socialmente, lo que contribuyó a desencadenar el proceso de descomposición interna de aquélla cuando sus esperanzas de supervivencia prácticamente se esfumaron tras los sucesos políticos que siguieron al fallecimiento de Fernando VII.
Es incuestionable que la supresión de la "casa" fue consecuencia de los cambios políticos y sociales de ámbito nacional, pero resulta significativo que la exclaustración se produjera en Extremadura un poco antes de que el gobierno español optara por erradicar a todos los conventos y monasterios. Ese adelanto tuvo relación, muy probablemente, con el completo hundimiento de la imagen de la comunidad jerónima de las Villuercas a raíz de los escándalos y desórdenes acaecidos en el seno de aquélla tras la aparición de un pasquín subversivo, en favor de la causa carlista, en la puerta de una celda el 18 de abril de 1834.
La junta directiva del gobierno de Extremadura, que se había formado en el verano de 1835, suprimió todas las casas regulares de la región. Trece días después los monjes de Guadalupe fueron desalojados del monasterio; habían permanecido allí, de forma prácticamente ininterrumpida, durante 445 años, 10 meses y 27 días. Su último prior, fray Cenón de Garbayuela, cerró el priorato regular jerónimo, que habían enaltecido cien priores, sucesores del primero: fray Fernándo Yáñez.
Conviene subrayar que Guadalupe fue un monasterio muy singular: sus actividades económicas, religiosas y sociales vinieron marcadas, sobre todo hasta mediados del siglo XVI, por el santuario mariano que albergaba. Consiguientemente, su trayectoria histórica no es representativa ni de la de las casas de religiosos de la región extremeña, ni de la de los otros monasterios jerónimos.
Tras cerca de medio milenio de permanencia en Guadalupe, la Orden Jerónima
mantuvo el monasterio como uno de los centros de devoción popular,
alcanzando la cultura y el arte gran desarrollo. Se construyeron los claustros
mudejar y gótico y uno más pequeño de traza monacal,
la capilla del relicario, la del camarín de la Virgen con su cripta,
llamada siete altares, la fabulosa sacristía; la iglesia
nueva y otras muchas estancias, así como varios edificios exteriores:
hospitales y colegios, los palacios de Mirabel y Valdelafuentes y tres
ermitas.
El periodo de la exclaustración.- Parroquia secular.
A partir de la exclaustración de los monjes, llevada a cabo el 18 de septiembre de 1835, el santuario quedó convertido en parroquia secular de la archidiócesis de Toledo. Se inicia así un largo periodo durante el que las leyes desamortizadoras, el abandono, la subasta precipitada de bienes y la rapiña sumergieron el santuario en una ruina vergonzosa. Solamente la dedicación de los párrocos y de algunos vecinos del pueblo lograron mantener el templo y sus anejos que, por su condición de parroquia, se había librado de la desamortización .

El santuario fue declarado Monumento Nacional el 1 de marzo de 1879. La campaña de restauración fue iniciada por don Vicente Barrantes Moreno en 1878, mediante la publicación de libros, artículos en la prensa y la celebración de conferencias. A partir de ese año varios escritores se unen a la campaña con el mismo ardor, a través del "Diario de Badajoz". Los dos acontecimientos que influyeron decisivamente en la restauración del monasterio fueron la peregrinación regional de 1906 que movilizó a 10.000 peregrinos y la proclamación de Santa María de Guadalupe como patrona de Extremadura, esto fue causa para la publicación de la revista "Guadalupe" durante los años 1906 a 1915 y la composición del himno popular "Augusta Reina". La declaración del patronato canónico de Nuestra Señora de Guadalupe sobre la región extremeña fue concedido por San Pío X el 20 de marzo de 1907. Resultado inmediato de la solemne proclamación fue la fundación franciscana de Guadalupe, con la que terminó el periodo más triste del santuario.
En las siguientes imágenes puede comprobarse el estado ruinoso del monasterio antes de iniciarse su restauración. Hemos colocado fotografías actuales junto a las tomadas a principios del siglo XX.









El priorato secular (1320-1389)
Los jerónimos en Guadalupe (1389-1835)