A&D
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El Islam (II)
Decadencia de los Imperios Musulmanes
y  Reforma del Islam
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Durante mil años, los musulmanes, impulsados por la fe del profeta, se consideraron "la mejor comunidad que la humanidad pudo tener". Pero a  partir del siglo XVII, los tres grandes imperios no supieron adaptarse a los tiempos de paz y comenzaron a decaer aceleradamente. No existe nada como la autocomplacencia para ser engullido por los insaciables de este mundo.
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La mezquita del Profeta en Medina  - La Kaaba en La Meca
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Interior de la mezquita de Medina
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La decadencia safavida

En el imperio safavida, el mantenimiento del ejército, para frenar el creciente poder de las fuerzas tribales, supuso enormes gastos que condujeron a cobrar mayores impuestos y a la confiscación de tierras, provocando un descontento generalizado. La vida de los príncipes herederos, recluidos en los harenes, les impedía tomar conciencia de la realidad exterior y tener una acertada visión de los problemas del imperio cuando llegaba la hora de gobernar. Al flaquear las facultades regias, comenzaron a perder su legitimidad como líderes religiosos y los muhajid fueron alcanzando mayor poder religioso y político, llegando a criticar la licenciosa vida de los sultanes y restaurando el chiismo religioso más ortodoxo en lugar del chiismo sufita de los sultanes safavida. Se llegó a tal punto que en una revuelta se destruyeron las bodegas del sultán. A finales de siglo XVII, el imperio estaba podrido hasta la médula.

En 1722, un joven aventurero afgano, Mahamud de Kandahar, al frente de 20.000 guerrilleros harapientos, reunidos de entre diferentes tribus, tomó sin dificultad la capital Ispahan. No consiguió, sin embargo, establecer una dinastía y, en 1730, un bandido iraní, que ya había atacaba el imperio otomano y recuperado el Cáucaso y tomaba el poder en 1736, luego invadió la India y saqueó Delhi. Después se extendió por el norte, en territorio ubezko, y por el sur, hasta ocupar Omán, centro del resurgido comercio árabe. Todo se perdió a su muerte, en 1748, pasando Irán a manos de un gobierno tribal. Una nueva tribu, los qajaros, tras combatir durante dos décadas, fundaron, en 1794, un estado con base en Teherán, capital de Irán Occidental. Pero lo años de salvajismo y destrucción empobrecieron el país, y la bella Ispahan se convirtió en una ciudad fantasma.

La decadencia mogola

Paralelamente, se iba eclipsando el esplendor mogol y su poder en la India. Los mogoles habían renunciado a su inicial liberalismo doctrinal y trataban de abolir las libertades religiosas y tradiciones hindúes. Los terratenientes se rebelaron y varias castas se resistieron a la islamización y al pago de impuestos. Entre los no musulmanes, los marathas, fueron adquiriendo poder, hasta conseguir el práctico dominio del subcontinente, en equilibrio con la creciente expansión británica de la Compañía de las Indias Orientales que ya abarcaba toda la llanura del Ganges, en 1803.

La decadencia otomana

Los primeros indicios de decadencia se comenzaron a manifestar con el hijo de Solimán, Selim II "el Borrachín" (1566 -1574) que dejó de ocuparse de los asuntos de estado para dedicarse a los placeres del harén. En octubre de 1571, tuvo que soportar una demoledora derrota contra la flota cristiana unida. La alianza naval europea, promovida por Felipe II, bajo el mando de su hermanastro e hijo bastardo del difunto emperador, Don Juan de Austria, acabó con la flota otomana en la batalla del Golfo de Lepanto (Grecia). A partir de entonces, ante la fuerte reacción cristiana, los otomanos se centraron en mantener sus dominios, sus rutas comerciales mediterráneas habían sufrido un irreversible y definitivo revés. Selim murió tres años después en un accidente provocado por su estado de embriaguez. Su hijo y sucesor Murad III (1574 - 1595), un tímido epiléptico, dejó el gobierno en manos las más influyentes mujeres del harén (su madre y la favorita), de los oficiales jenízaros y de los eunucos. A principios del siglo XVII, surgieron enérgicos sultanes como Osmán II y Murad IV(1623 -1640) que demostraron cierta competencia y salieron victoriosos de sus enfrentamientos con los safavidas persas. Pero el declive era inevitable.

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El sultán Murad IV - La Mezquita Azul (Estambul) - Los jenízaros,
la tropa de élite más temida del ejército otomano
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Los signos de debilidad del imperio habían comenzado a principios del siglo XVII, debido a la fuerte competitividad comercial europea y a la decadencia del ejército que ya no tenía como objetivo la realización de conquistas como antaño. Los visires o los gobernadores locales, tomaron las riendas ejecutivas del poder. Con el paso de los años, los problemas se exacerbaron al duplicarse la población y cuadruplicarse los precios. El debilitamiento del gobierno central supuso un estancamiento del progreso anterior a pesar de la reconquista de Sicilia y de Creta y de parte de Ucrania (1670) y de la nueva amenaza a la Viena de los Habsburgo (1683), cuya conquista volvió a ser imposible.
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Sitio de Viena de 1683 - Castillo vienés de Schönbrunn (1713) - Biblioteca Imperial (1737)
Expulsados los turcos de Viena y Hungría, la ciudad austriaca experimentó un gran impulso
constructivo de influencia clásica y barroca, como se puede contemplar en las dos imágenes.
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En 1699, los otomanos perdieron Hungría, Transilvania y Padolia. Ante el poderoso enemigo que comenzaba a ser Rusia sufrieron grandes derrotas y, en 1774, les fue arrebatada la amplia franja al norte del Mar Negro, perdiendo la Crimea tártara que siempre había sido feudo musulmán. Selim III (1789 - 1807), conociendo la decadencia del imperio, comenzó una larga lucha contra la corrupción y reorganizó sus tropas al estilo europeo. Los jenízaros, viendose amenazados por las reformas militares lo derrocaron y lo asesinaron un año más tarde. Su sucesor, Mahmud II (1808 -1839), continuó con las reformas y modernización de las costumbres e hizo acuchillar a todos los jenízaros durante una revuelta, en 1826. La época de los sultanes reformistas se vio afectada por la partición provisional del imperio, tras la conquista de Napoleón de Siria y Egipto, lo cual les supuso un enorme esfuerzo militar con grandes pérdidas. Egipto, Serbia, Bulgaria, Rumanía y Grecia consiguirían hacerse independientes con el apoyo europeo.
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Napoleón en la campaña de Egipto

Bonaparte concede el mando de Alejandría - (dcha) Napoleón entra en una mezquita del Cairo tras sofocar la revuelta de octubre de 1772 que costó la vida a 300 soldados fgranceses y a 3000 árabes.
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Soldado mameluco- Murad Bey, uno de los grandes jefes mamelucos y más temible adversario de los franceses - El general Louis Charles que se enfrentó a Murad Bey en el Alto Egipto (murió en la batalla de Marengo, en 1800) - El general Jean Baptiste Kebler, jefe de las tropas francesas en Oriente. Murió en 1800, asesinado tras sofocar una segunda revuelta egipcia en El Cairo.
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Selim III y su corte - El sultán Abdülhamid II (dcha)
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A principios del siglo XIX, el sultán otomano era el único dirigente de toda la comunidad muslímica asiática y la supervivencia del debilitado imperio comenzó a depender de la concesión, en su seno, de privilegios a las potencias cristianas, empezando por Francia y siguiendo por Gran Bretaña, bajo cuya protección se pusieron judíos y cristianos que, así, consiguieron penetrar las instituciones administrativas islámicas. Los turcos iniciaron un largo coqueteo con Occidente, mientras las líneas rusas avanzaban hacia el sur, Asia Central se atomizó en pequeñas taifas a cual más corrupta y generosa con los occidentales. El sultán Abdülhamid II (1876 -1909)  que había implantado un nuevo sistema de elecciones y fortalecido la constitución, se vio pronto inclinado a gobernar de forma autocrática y fue derrocado por el movimiento de los "Jóvenes Turcos" que no tardaron en controlar todo el poder. Sus guerras (1912) por mantener los Balcanes contra las aspiraciones de independencia de aquellos territorios europeos y la decisión de que Turquía se aliara con Alemania y Austria en la Gran Guerra de 1914, selló la destrucción del imperio y su confinamiento definitivo a Anatolia, a partir de 1918.

Reforma y Recuperación del Islam
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La Kaaba a finales del siglo XIX  - Oración en el muro de la kaaba (centro)
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En Africa Occidental, aunque el islam seguía su expansión, había sufrido graves reveses en la cuenca del Níger, varias ciudades cayeron bajo la influencia pagana de Bambara. Desde mediados del siglo XVIII, hasta comienzos del XX, la renovación interna que había supuesto el sufismo, en su empeño de recobrar la pureza del mensaje de Profeta, supuso cierta recuperación del debilitado mundo musulmán, esto condujo a la aparición de "la yihad", guerra santa o guerra justa, que fue el último síntoma, por su singular ferocidad, del gran fallo de la coexistencia religiosa. Esto supuso un retorno a la intolerancia religiosa anterior en las áreas donde habían tenido que contemporizar con la presión de otras religiones y culturas. Muhamad -al - Wahhab fue el líder intelectual que consiguió imponer sobre los territorios árabes la renovación de la fe antigua, tras su alianza con Muhamed Ibn Saud, un intolerante jefe de Arabia central. La influencia de la orden Najd wahhabita, que alcanzo Siria e Irak, culminó con la fundación del estado de Arabia Saudita, en el siglo XX. La posición teológica wahhabita rechazaba la superestructura islámica medieval y daba una respuesta más flexible y creativa a los problemas de la época. Era una posición atractiva para la reconciliación de lo musulmán con el mundo moderno, a pesar de su extremismo e intolerancia. EL wahhabismo y la orden Naqshbandiya no lograron extenderse por Egipto.

Las órdenes khalwatiya e idrisiya, del marroquí Ahmad Ibn Idris, fueron los vehículos de la reforma y contribuyeron a satisfacer la expectación de que al final de cada centuria islámica debe surgir un líder que "llenará el mundo de justicia" (al final de la décimo nona centuria cristiana ha surgido el líder de la "Justicia Infinita, cuando está lleno de injusticia y opresión" en el mundo cristiano, George Bush, para oponerse, en el año 2001, al aspirante a líder islámico Usama Ben Laden, curioso efecto rebote ¿no?, que ayuda a comprender el soberbio nombre que los asesores islámicos del presidente USA aconsejaron asignar, inicialmente, a la guerra contra el terror de Al Queda, que deben haber quedado sorprendidos, un tanto). Una rama importante de la orden Khalwatiya fue la Tijaniya. Se extendió por Argelia, Marruecos y Sudán y gran parte de Africa Occidental. En 1852, Hajji Umar Tall fundó en Sudán un estado teocrático e inició la guerra santa, extendiéndose hacia el oeste. En 1863, tras la captura de Tumbuctú, el imperio se extendía desde la curva del Níger hasta Senegal. Los franceses impidieron que el Corán se bañase en la aguas del Atlántico y más tarde invadieron todo el territorio (1893).

Otra rama de importancia fue la Sammaniya. Se extendió por el Nilo sudanés, Eritrea y sudoeste etíope. El movimiento se opuso a la influencia turco - egipcia y a las innovaciones en la administración y a la abolición del comercio de esclavos. Su fugaz esplendor se eclipsó bajo la potencia guerrera de los ejércitos modernos.

La orden Isidriya también extendió una reforma basada en la pacíficas proliferación de logias islámicas. Chocaron con los franceses, cuando estos se expandieron por el Sahara y con los italianos que invadieron Libia. En Somalia, el líder reformista fue Muhammad Abd Allah (Alá) Hassán (1864 - 1920) apodado por los británicos "El Mulá Loco". Predicó que la justicia solo puede fluir del Corán, que la yihad es una obligación permanente y que la oración impide sufrir mutilaciones e incluso la muerte. Hizo su particular guerra santa durante 20 años y murió imbatido.

En la India, siguiendo la línea sufita, hubo notables movimientos reformistas durante el siglo XIX. Uno de ellos fue encabezado por Mujahidin de Saiyid Ahmad en la parte noroccidental y otro fue el movimiento Faraizi, en la provincia oriental de Bengala, cuyo fundador fue Haijji Shariat Allah.

Con base en el Cáucaso Iman Mansur introdujo reformas notables y declaró la guerra santa a los rusos (1785 -1791) hasta que fue derrotado y capturado. Cincuenta años después Iman Shamil tomo su estandarte y extendió su gobierno por el Cáucaso, impulsó la sharia y fue capaz de resistir las presión rusa durante 30 años.

En Asia Central, la actividad reformista fue débil, aunque fue notable "la guerra santa pasiva" que declaró a los rusos Baha al Din Visi (1804 - 1893). Predicó la reforma, rehusando el pago de impuestos y el servicio militar. Su organización fue desmantelada por los rusos y él encerrado en un psiquiátrico. Su reforma caló entre los tártaros nacionalistas.

En China, sin embargo, hubo una gran actividad muslímica en el siglo XIX. En el Turkestán Oriental se produjeron varias guerras santas contra el poderío manchú confuciano. Ma Huahung trató de crear un estado musulmán entre los años 1862 y 1877 y degolló en Kansu y Shensi al 90% de la población no islámica. Otra rebelión, dirigida por Tu Wen - Shin asoló Yumán y estableció el califato durante 16 años.

La respuesta islámica al creciente poder europeo

En el año 1800 Europa controlaba el 35% de la superficie terrestre del mundo; en 1878, esta cifra se había elevado al 67%, y en 1914, a más del 84%.

Cuando el imperialismo europeo envolvió a la comunidad islámica, en varios frentes, con su visión terrenal del progreso y con una prosperidad y un poder material sin precedentes, los musulmanes no fueron capaces de dar respuesta alguna. Llegaba el comienzo de una nueva era con la invasión de Egipto por la Francia napoleónica (1798)

Napoleón fue un gran camaleón capaz, incluso, de vestir a la usanza musulmana y de inclinarse ante los ancestrales cultos sagrados, mientras se iniciaba el mayor expolios de los mágicos tesoros del país del Nilo y el descubrimiento científico de sus secretos milenarios.

En las islas de del sudeste asiático eran controladas por el gobierno holandés, que había establecido su Compañía de la India Oriental y los británicos fueron reconocidos, en la India, como potencia suprema, en 1818, y, a mediados del siglo XIX, a través de varios príncipes indios, gobernaba todo el país. Mientras, paralelamente, aumentaban sus dominios en el Golfo Pérsico, Irán, Sudán y el oriente africano, donde compartieron poder con Alemania e Italia. Y, en solitario, se apoderaron también de Nigeria. Rusia se extendía por el norte asiático y por grandes áreas de la zona central, Francia seguía su expansión por el norte y este de Africa y llenaba de colonos los territorios conquistados. En 1839 invadieron Argelia y establecieron un protectorado sobre Túnez (1882) y Marruecos (1912) y ocuparon territorios desde Senegal hasta la frontera sudanesa anglo - egipcia. Otras potencias se recogieron las migajas de tan suculento festín imperialista: España estableció un protectorado en la punta septentrional de Marruecos e Italia conquistó Libia. Curiosamente, solo los afganos, atrapados entre rusos y británicos, consiguieron mantener un alto grado de autonomía. Europa se había repartido el mundo islámico en menos de un siglo, y al estallar la Primera Guerra Mundial todos los musulmanes estaban gobernados por infieles, ¡triste destino ser tan amados!.

Los otomanos quedaban confinados en Anatolia, amenazados por los intentos de desmembración de su territorio entre griegos y armenios, y las grandes ciudades islámicas: Damasco, Bagdad, El Cairo, y Samarcanda estaban en poder de los infieles y solo en Estambul era libre.

Durante algún tiempo, los flamantes invasores respetaron las costumbres islámicas de los territorios dominados, aprendieron su lengua y se casaron con sus mujeres e, incluso formaron sus harenes particulares. Solo se pretendía que el mundo musulmán tomara de Europa aquellos valores que la habían hecho fuerte, todo lo que tenían que hacer era comprar máquinas y armas europeas para fortalecer sus industrias y sus ejércitos. Conciliar aquel desafío con el Corán y la sumisión a las leyes divinas fue todo un reto que fue resuelto de muy diversas formas en el mundo de raíz musulmana. Turquía se dejo influir claramente por Alemania y disfrutó un progresivo proceso de europeización. Mustafá Kemal Atartuk puso los cimientos de un nuevo y moderno estado no confesional. La nueva república de Turquía, era representado por la imagen de una mujer sin velo que llevaba la brida del caballo montado por un Mustafá que vestía un moderno uniforme militar de estilo prusiano, aquello era todo un símbolo del radical cambio pretendido. En 1925, el líder turco declaraba: "He visto mujeres que con cualquier género de tela ocultan sus rostros y que se vuelven de espaldas o se echan al suelo al paso de un hombre...Este es un espectáculo que hace de la nación un objeto de ridículo".

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Egipto también respondió de forma positiva al reto europeo. Durante el gobierno de Muhamad Alí (1805 - 1848) se acometió una profunda modernización de las costumbres que le condujo a obtener un gran poder en el mediterráneo Oriental y a frenar el avance de los árabes wahhabitas. La extensión de su influencia por Arabia, Sudán, Palestina, Siria y Grecia y la amenaza de invasión de los territorios otomanos, forzó la intervención europea. Los británicos se impusieron a Egipto en 1882, aunque, cuarenta años más tarde se vieron obligados a replegarse y a otorgar una independencia limitada al país de las pirámides, ante la presión del Wafd (1919), primer partido nacionalista de masas creado por los seguidores de Alí. La nueva constitución egipcia, de 1923, de inspiración belga y otomana afirmaba la soberanía del pueblo como respuesta a la de Dios. Unos chicos inteligentes y muy avanzados para el mundo islámico.
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Recreación del templo de Keops - Muhamed Alí - Fuente de Tusun Pachá (El Cairo) - Templo desaparecido
  de la antigua Latópolis frente a Esna, junto al Nilo, dibujado por Rifaud entre 1817 y 1823
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(Centro) Dibujo de Pascal Coste (1787 - 1879) del Palacio, en el Cairo, de Muhamed Alí, fundador del estado egipcio. (Izq y dcha) Escenas de una procesión en el Cairo  y del bazar , según ilustraciones de Fraçoise Cassas (1756-1827) y de Luigi Mayer (1755-1803)
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Tras años de negligencia británica, se agudizó el nacionalismo musulmán. La enseñanza elemental obligatoria se implantó en 1925 y la universidad, de la que dependían las escuelas, se puso bajo control gubernamental. Aunque la enseñanza religiosa, en ellas, se oponía a una vida laica, los ulamas apoyaban al rey y con ello la dependencia británica. Durante las décadas 1930 y 1940, los "Hermanos Musulmanes" se afianzaron como organización política, aspirando a imponer un gobierno islámico teocrático a la sociedad egipcia, que se mantuvo dividida hasta la revolución de los Oficiales Libres de 1952.

La revolución en los países árabes

Cuando los otomanos declararon la guerra a los aliados, en 1914, el gobernante hereditario de las dinastías de La Meca, Sharif Huseín, muerto en 1931, había solicitado apoyo británico para lograr la independencia de los territorios comprendidos desde los montes Tauro, al sur de Anatolia, hasta el Océano Indico y desde el Mediterráneo hasta la frontera de Irán. Los británicos prometieron su apoyo con la excepción de algunas áreas. Huseín transigió y enarboló la bandera de la revolución árabe el 10 de Junio de 1916 Irán.

Las tribus aliadas tomaron Damasco con el apoyo de los británicos el 1 de octubre de 1918, (acontecimiento recogido en las escenas finales de la película "Lawrece de Arabia") y uno de los hijos de Huseín, el príncipe Feisal, estableció, allí, un gobierno independiente. El acuerdo británico con Feisal rebajaba el contenido del que se había hecho con su padre, así como el mensaje que el coronel británico Lawrence había extendido entre sus amigos árabes para lograr unirlos en la toma de Damasco. La declaración de Balfour, de 1917, apoyaba la creación en Palestina de un estado judío, hecho que fue interpretado por el mundo árabe como una traición a la total libertad prometida. Además, en 1920, la Sociedad de Naciones dio el mandato a Francia sobre Siria y El Líbano. Tras veintiún meses de gobierno independiente, Feisal fue expulsado de Damasco. Los británicos de Winston Churchil se limitaron a expresar con elegancia su "molestia" por el incumplimiento de lo pactado y ese mismo año la Sociedad de Naciones les otorgó el mandato Iraq, Transjordania y Palestina con la obligación de crear el Estado Judío.

Los árabes se sintieron defraudados al quedar destrozada su visión de democracia y libertad, pues seguían sometidos, de alguna forma, al imperialismo europeo y se veían obligados a soportar el establecimiento en sus territorios históricos de un estado judío, un pueblo enemigo tradicional del islam. Como compensación, los británicos otorgaron, en la Conferencia de El Cairo, el reino de Iraq al príncipe Feisal y el Emirato de Transjordania a otro hijo de Huseín, el príncipe Abd Alá. Por su parte Huseín consiguió la independencia de Arabia, consintiendo la ocupación temporal de los británicos de la zona de Bagdad a Barsa, sobre el Golfo Pérsico. Los franceses, a su vez, negociaron con los británicos el quedarse con el 25% del petróleo Iraquí a cambio de la zona de Masul, al norte de Iraq. Con todo esto, los dominios árabes quedaron limitados, al norte, por el paralelo 30, cuando sus aspiraciones iniciales alcanzaban hasta el paralelo 37, además de verse obligados a consentir el enclave judío que tantos conflictos internacionales viene induciendo, tanto durante el siglo XX como a principios del XXI, y que es una de los principales pilares del creciente movimiento integrista y terrorista de origen islámico y de la revitalización de la "Yihad", guerra justa o guerra santa.

Desde el comienzo del siglo XX, la familia saudí, aliada de los ulamas wahhabitas, encabezada por Abd al - Aziz Ibn Saud (1880 - 1953), se había ido haciendo con el territorio árabe que, a partir de 1932, fue conocido como reino de Arabia Saudita, pero los deseos de sus gobernantes de modernizar a su pueblo chocaban de forma constante con el integrismo de los Ikhwan o "Hermanos", los mismos que, como en su día hizo el Profeta, habían unido numerosas tribus bajo el nacionalismo islámico y contra el paganismo. El rey Saud se vio forzado a terminar con ellos, pero la semilla del radicalismo religioso ya había germinado y cuando, en 1938, se descubrió el "Oro Negro" y su enorme poder sobre la economía y la riqueza, surgió una gran controversia interna entre los musulmanes de todo el mundo, quedando enfrentados: el atractivo de los bienes de este mundo con las promesas de paraísos prometidos por el Profeta y sus herederos. Un nuevo mundo de posible esplendor terrenal, similar al alcanzado por Occidente, se abría ante ellos.

La revolución en Irán

Los rusos siempre pretendieron, desde el siglo XIX, extenderse por el norte de Asia y se habían asegurado el dominio de varios territorios. Los ingleses, involucrados en la India, preferían un Irán independiente y, así, mantener a Rusia lejos del Golfo Pérsico y de las fronteras indias. Por eso habían consolidado un área de notable influencia sobre el sur oriental de Irán que se extendió a todo el sur del país durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la presencia extranjera más odiada por los iranios, desde 1908, fue la de la omnipresente Anglo Iranian Oil Company que más tarde sería llamada British Oil Co.

Rusia y Gran Bretaña habían conseguido penetrar en el debilitado Irán con suma facilidad. El país estaba compuesto por pequeños estados autonómicos compuestos por numerosas minorías étnicas y religiosas: asirios, judíos, zoroastrianos, kurdos, lures. batjianos etc. Los ulamas habían popularizado la idea de que solo un hombre austero, religioso y con grande sabiduría sería digno de gobernar sobre todos. Mantenían un gran poder basado en su relación simbiótica con el pueblo y ningún gobernante se atrevía a ignorarlos.

Los gobernantes locales lucharon por reforzar el poder central, buscando una cierta independencia de la influencia del clero local, y de hecho lo consiguieron durante el reinado de Nasir  al  Din (1848 - 1896). Nasir fortaleció un ejército de dependencia estatal y no tribal, introdujo el telégrafo y creó una administración centralizada. Visitó Europa e importo modernidad mediante las concesiones a Reuter y a la Brigada Cosaca. Protegió los derechos de las minorías religiosas y de los misioneros cristianos que extendieron sus escuelas y hospitales.

Los ulamas, en progresiva perdida de influencia, se revolvieron, por el ímpetu que iba alcanzado la educación occidental y comenzaron por boicotear el monopolio británico del tabaco, persuadiendo al pueblo para que dejara de fumar y se opusieran a la concesión otorgada a Reuter. Después impulsaron la revolución constitucional de 1905 - 1911, aliándose con los comerciantes de Teherán y con una serie de radicales influyentes, educados a la occidental. De esta forma, impusieron al rey una constitución democrática que limitaba sus poderes. Pero el poder seguía residiendo en el ejército y la autoridad central se impuso definitivamente cuando el coronel Reza Khan (1897- 1942) de la brigada de cosacos asumió el gobierno y, cortando de raíz cualquier fuerza de descentralizadora, forzó la acelerada modernización del país y un modelo laico de sociedad que adoptó todo tipo de símbolos externos occidentales.

En 1935, se fundó la universidad de Teherán y los religiosos perdieron su papel de jueces en manos de seglares con formación occidental. Desde 1936, las mujeres fueron por la calle sin velo, pudiendo la policía arrancárselo si desobedecían la orden del Shah. Pero Reza Shah Palevi cometió el error de aliarse con Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial, y los aliados le obligaron a abdicar en 1941. Los ulamas recuperaron parte del terreno perdido en el nuevo y debilitado Irán y resurgió la estructura de una sociedad islámica dentro de un estado moderno.

La revolución musulmana en la India

Aunque la dominación británica había sido tolerante con la tradición musulmana, las practicas islámicas habían quedado reducidas al ámbito familiar y educacional. Los ulamas seguían enseñando el mensaje coránico y las mujeres usaban el velo, pero los musulmanes veían avanzar el cristianismo con su prédica por las esquinas y en las escuelas y como, las leyes occidentales, iban configurando un sistema estatal laico. Tomaron conciencia de que ellos eran una minoría en la India, no superior al 20% de la población, corriendo el riesgo de ser aplastados por la mayoría no musulmana, indú y británica. La oposición frontal comenzó en las Provincias Unidas del Norte, donde se concentraban mayorías musulmanas. En 1857, declararon la guerra santa contra los británicos y extendieron sus escuelas de instrucción islámica. Saiyid Ahmad Khan (1817 -1898) fue el principal impulsor de la recuperación islámica india. Fundó el colegio Aligarh en el que apostó por combinar el islam con la asimilación de las enseñanzas científicas occidentales. Los alumnos más capaces fueron enviados a Oxford y Cambridge donde, entre otras materias, aprendieron a tomar el te y a jugar al Cricket con el mejor estilo británico. Aquellos hombres estuvieron después en condiciones de pujar por puestos con poder dentro de la administración inglesa, y fueron los que dirigieron la actividad política musulmana hasta la división de la India de 1947.

La idea de crear un estado muslímico, separado de la India, había nacido décadas atrás. En 1906, fundaron la Liga de Toda la India Musulmana que, aunque obtenía pocos escaños, en las sucesivas elecciones legislativas, estos le permitían alianzas con el Congreso Nacional de la India. Después de la Segunda Guerra Mundial, consiguió obtener la mayoría de los escaños reservados a los musulmanes y entonces fue cuando decidieron impulsar la vieja idea de crear un estado independiente y musulmán. El nombre del nuevo estado, Pakistán, se debió a un estudiante de Cambridge: era la palabra nemotéctica formada por las iniciales de cada uno de los nombres de las zonas de la India de influencia musulmana, Punjab, Afgania, Kashmir (Cachemira), Sind y Beluchistán y significaba, curiosamente, "Tierra de los puros". Los primeros hombres que gobernaron en Pakistán Oriental y Occidental establecieron un gobierno laico y moderno sin el obligado cumplimiento de la ley islámica, la Sharia. Según estimaciones, la división de la India supuso una gran emigración que dejó a doce millones de personas sin hogar y medio millón fueron asesinadas por nimias razones.

El Islam bajo el colonialismo en el Sureste Asiático

Bajo la dominación holandesa, el islam tuvo un gran desarrollo institucional. Emergió con fuerza en el centro de la moderna vida de Indonesia, aunque a finales del siglo XVIII apenas era una corriente testimonial. Pero el deterioro de las relaciones de los nativos con los colonizadores forzó el cambio de creencias. Las escuelas islámicas se multiplicaron por todo Java y las islas del archipiélago. Se utilizó el islam como reivindicación frente a las cargas impuestas por los invasores occidentales. El peregrinaje a La Meca se hizo masivo y los indonesios tomaron conciencia de la universalidad de su religión y cultura. En 1938, se fundó el Partido Islámico de Indonesia y cristalizó la idea de un estado laico con una visión de futuro puramente islámica. La invasión japonesa (1942-45) que produjo la prohibición de toda manifestación política, fortaleció aquella visión por el interés japonés de servirse del islam para consolidar su dominio de la zona. En Malaya, las autoridades religiosas no potenciaron el modernismo islámico, pero se reforzó la unión entre los sectores laicos y los ulamas de pensamiento tradicional.

Africa y el Islam en la época colonial
(El reparto de Africa, ver mapa)
Al sur del Sahara, el islam tuvo un éxito superior que en otras zonas bajo dominio colonialista. En la parte occidental, el progreso del islam fue constante en Guinea, Sierra Leona y Sudán. En Senegal, la conversión de la tribu Wolof fue progresiva durante un periodo de 50 años. En Nigeria, el 80% de los territorios se acogieron al islamismo. En Etiopía, país de rancia tradición pagana y cristiana, la doctrina de Mahoma se extendió lentamente. En Tanganica, bajo dominio alemán, el 40% de la población era musulmana en el momento de su independencia y la expansión continuó hasta nuestros días a pesar del esfuerzo de los misioneros cristianos por romper esa tendencia.

Con lo dicho, queda bastante claro que los movimientos nacionalistas eligieron el Islam como bandera de la independencia frente a la dominación colonial. Las nuevas comunicaciones y el crecimiento de la población urbana favoreció la difusión de una doctrina que no encerraba la vergüenza de someterse a la cultura del hombre blanco. Por otro lado, el colonialismo se apoyó abiertamente en los ulamas para mantener su poder transitorio, sin ocuparse de las consecuencias que ello tendría en la creciente oposición política interna de los nativos. También supuso que, cuando desapareció la protección europea de las zonas más islamizadas, muchos pueblos se encontraron con que las zonas que se habían mantenido bajo una mayor influencia cristiana o bajo el islamismo más modernizado del norte, se encontraban en un estado de progreso muy superior al suyo y que la presión que recibían de ellas era muy superior a la que ejercieron las potencias colonialistas.

En el norte de Africa la situación fue distinta:

En Argelia residían un millón de franceses; en Libia, cien mil italianos; en Marruecos y en Túnez, unos doscientos mil franceses en cada país. Los franceses, como habían hecho los españoles en el Rif, establecieron un protectorado en Marruecos y en Túnez. Argelia y Libia habían pasado a ser departamentos de Francia y de Italia, respectivamente, y los colonos gozaban de todo tipo de privilegios y tierras, aunque se concedieron iguales derechos y carta de ciudadanía a los nativos que renunciaban a las leyes islámicas. Pero los movimientos de resistencia musulmana se mantuvieron vivos hasta la década de 1930. En el Marruecos español, se proclamó la República del Rif y se mantuvo en jaque a las fuerzas de ocupación españolas y francesas entre 1912 y 1926. En Libia, se mantuvo ocupado a unos 20.000 hombres del ejército italiano, entre 1912 y 1931, y Musolini tuvo que recurrir a los bombardeos y a los campos de concentración, antes de poder imponerse. Aun así, no desapareció la influencia de la orden rebelde Sannsi y Said Idris fue proclamado rey de la Libia independiente, en 1951, pocos años después del derrumbamiento del régimen fascista, finalizada la Segunda Guerra Mundial.

En Marruecos, la rebelión fue encabezada por el movimiento Istqlal (independencia), fundado y dirigido por Mohamed V, en 1943. La independencia llegó en 1956.

En Argelia, el éxito de la política francesa de asimilación, retrasó el movimiento de independencia. El Frente de Liberación Nacional, fundado en 1954, consiguió, tras encarnizada lucha, la libertad argelina, en 1962.
(La descolonización, ver mapa)

La reafirmación del islam en el siglo XX

La fortuna de los musulmanes cambió radicalmente a partir de mediado el siglo XX. Siria y Jordania, que seguían bajo mandato de la Sociedad de Naciones, consiguieron la independencia en 1945 y 1946, respectivamente. Pakistán, en 1947; e Indonesia, en 1949; en cada uno de estos países se concentraban unos 200 millones de musulmanes. A partir de 1955, les llegó el turno a los estados africanos, de forma que solo quedaban, en 1960, bajo influencia colonial, los de influencia soviética. Los nuevos estados independientes descubrieron que no se habían desembarazado de la influencia europea, ni de la nueva y creciente penetración de la influencia estadounidense. Bases militares y empresas multinacionales marcaban sus dominios y muchos negocios extranjeros se encontraban totalmente arraigados en su vida económica.

Los iraníes nacionalizaron la Anglo Iranian Oil Co., bajo el gobierno del joven Shah Reza Palevi (1942 - 1979) e igualmente se negaron a hacer concesiones petroleras a los soviéticos. Británicos y americanos consiguieron deponer al primer ministro iraní, artífice de las nacionalizaciones, y reforzaron el poder del Shah, que adoptó una política mucho más tolerante con los intereses occidentales. A la Anglo Iranian Oil Co., se sumaron otras petroleras y se adoptó el nombre de British Petroleum que obtuvo nuevas concesiones en Iraq, Turquía, Pakistán y Gran Bretaña, en una común defensa contra los intereses soviéticos. Irán se alineó decididamente con Occidente.

En Egipto, el coronel Nasser alcanzó el poder tras la Revolución de los Oficiales de 1952 y persuadió a los británicos para que se retiraran del Canal de Suez. Después, buscó apoyo armamentístico y político en Rusia, al serle negado el apoyo americano. Nacionalizó el Canal, en 1956, que era la arteria vital del tráfico naval del comercio internacional y una gran fuente de ingresos por impuestos aduaneros. Nasser reafirmó la autonomía egipcia al rechazar las invasiones israelita, francesa e inglesa.

Su ejemplo fue seguido por otros países árabes: Husseín de Jordania licenció, en 1956, las tropas británicas en su territorio y, en Iraq, el ejército depuso a sus gobernantes hachemitas y revocó la alianza británica. A pesar del progreso de la libertad árabe y del aumento de su presencia internacional, los árabes seguían sintiéndose coartados por fuerzas exteriores y en posición de inferioridad en la comunidad internacional. Las necesarias ayudas externas en tecnología y armamento eran consideradas una nueva forma de imperialismo occidental y decidieron adherirse al grupo de países no alineados, viviendo la experiencia de las federaciones de estados, como fue la República Arabe Unida, formada por por Siria y Egipto (1958 - 1961) o acogiéndose a una misma tarifa económica bajo la OPEP (1960).

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Liberacion de Jerusalén en Las Cruzadas - Santo sepulcro - Muro de las lamentaciones - Cúpula de la Roca (691)
e interior. La Cúpula de la Roca , una de las más bellas construcciones del islam, fue erigida por Soberano Omeya, Abd al-Malik, como un símbolo del poder musulman  sobre la ciudad cristiano judía de Jerusalén.
Desde la roca, en su interior, se cree queMahoma emprendió su viaje místico al cielo.
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Lo que más les dolía a los árabes, era la presencia de Israel y el deterioro sufrido por Palestina, que crecía proporcionalmente al auge de los judíos en la zona ocupada que culminó con la humillación por las fulgurantes victorias israelitas en las guerras de 1948, 1956 y 1967. En la última, la Guerra de los Seis Días, liderada por tuerto coronel Moseh Dayan, Israel ocupó los altos del Golán, el Desierto del Sinaí, la Ribera del Jordán y la parte oriental de Jerusalén. Estas acciones de guerra tuvieron una muy negativa repercusión universal sobre el mundo musulmán, por muy alejadas que las comunidades islámicas se encontraran del centro del conflicto. Fueron muchos los que identificaron el movimiento sionista con un nuevo modo de colonialismo occidental. El conflicto judío con Palestina ha sido, hasta nuestros días, uno de los pocos estandartes capaz de unir al Mundo Islámico contra Occidente. (Aunque la reacción musulmana ante el conflicto originado por la acción terrorista, dirigida por Usama Ben Laden, en el ataque a los EEUU, parece haber quebrado, en parte, esa antigua tendencia y los integristas afganos se han visto prácticamente aislados dentro del mundo musulmán).

Por otro lado, muchos líderes, educados en universidades occidentales y en las modernizadas de El Cairo, Aligarh y Estambul, constituyeron una elite moderna y laica que no dejó de influir de forma positiva sobre el viejo estilo musulmán con más fuerza de lo que lo hicieran, en su día, los colonialistas europeos, de forma que contribuyeron decisivamente a la reducción del papel de lo islámico sobre la sociedad.

En Argelia, Ben Bella introdujo el socialismo. En Túnez, Bourgiba implantó un gobierno laico, anuló los tribunales islámicos y los ulamas desaparecieron de escena sin quedar rastro del islam. En Siria, en 1973, se intentó implantar una constitución socialista que aplastó la oposición religiosa. En Pakistán, el nombre constitucional de "República Islámica de Pakistán" de 1056, fue cambiado por el de República de Pakistán, en 1962. En el Egipto de Nasser, también se abolieron los tribunales de la Sharia y se reorganizó la universidad como una moderna institución laica. En Irán, Reza Palevi frenó el intento de resurgir de los ulamas y se propiciaron políticas, que ellos aborrecían, como la liberación de las mujeres, el acercamiento a Israel, la enseñanza laica y la especialización industrial del campesinado analfabeto que emigró en masa a las grandes ciudades.

La inmersión de los musulmanes en la cultura occidental siguió en aumento, seducidos por escritores, desde Byron a Sartre, pasando por Tolstoy y Kafka; por las corrientes socialistas inspiradas en Marx, Spender, Day Lewis y otros. Una similar influencia se pudo sentir sobre las artes modernas musulmanas. Pero la resistencia a la occidentalización, adquirida por las clases medias, seguía latente entre las clases menos favorecidas por la fortuna y, como siempre, estas fueron campo abonado por los ulamas para ejercer una oposición y regresar a los valores islámicos sembrados en tiempos del Profeta.

"Los occidentales han perdido la visión del cielo
y van a la caza del espíritu puro en la barriga..."

"...El capitalismo es un cebón del cuerpo.
Su pecho tenebroso no lo habita ningún corazón"

Estos párrafos, que sintetizaban, en 1932, el pensamiento de Muhammad Iqbal, volvieron a sonar en un nuevo intento de regreso a las catacumbas de la pureza ideológica del pasado islámico en una nueva busqueda de la identidad perdida. Los avances logrados para la modernización de la sociedad se vieron de nuevo frenados y en casi todos los países se recuperaron los rancios valores y el fundamentalismo comenzó hacer estragos.

En Egipto, el islam volvió a presidir los asuntos estatales. Tras la derrota frente a Israel de 1967, el poder de Nasser se debilitó. "Los egipcios han perdido la guerra por no ser buenos musulmanes" se proclamaba a los cuatro vientos por los ulamas. A partir de 1970, el poder del islam se fue haciendo patente de nuevo y surgieron grupos terroristas y paramilitares. Muerto Nasser, Sadat utilizó el islam como pilar fundamental de su gobierno, para frenar el descontento de las masas menos occidentalizadas y el avance del comunismo. Se vio forzado a conceder numerosas prerrogativas al fundamentalismo, lo cual fue su propia tumba. Murió asesinado (1979) por la oposición integrista a las condiciones de paz que trató de pactar con Israel.

En Libia, el joven capitán Gadaffi, tras su golpe de estado de 1969, a pesar de su formación de tecnócrata moderno y su admiración por el socialismo de Nasser, introdujo el sometimiento islámico contra la influencia occidental, de la que eliminó todos sus símbolos. Se prohibió el alcohol, se nacionalizó la British Petroleum, se censuró la literatura y las artes y se escribieron en árabe todas las señalizaciones visibles (esto último, como en Cataluña y Euskadi). Se impuso "La tercera vía de Gadaffi" un socialismo islámico, alternativo al capitalismo y al comunismo, aunque una comisión teológica de Arabia Saudita le encontró culpable de apostasía.

En Pakistán, se regresó también al islamismo y a la Sharia como ley del país. Aunque el socialismo y laicismo de Alí Bhutto pareció frenar la tendencia, la pérdida de Pakistán Oriental, en 1971, reforzó la corriente islámica. Los partidos islámicos perdieron las elecciones de 1977 y estalló una prolongada protesta popular que desembocó en el golpe militar de estado. El general Zia ul Haq acometió una revolución cultural de signo parecido a la de Gadaffi en Libia, así como estableció la supremacía de la Sharia como ley, sobre la de origen británico.

La revolución iraní (1978-79) representó el mayor éxito, al quebrar el molde occidental y laico del Shah. Un clérigo, el ayatola Khomeini (1902 -1989) fue el más implacable crítico del régimen utilizando todo tipo de recursos de divulgación de sus soflamas, incluidas las grabaciones de sus arengas, que difundió masivamente. "Todas las palabras idiotas que proceden de ese soldado analfabeto - escribió del Shah - están corrompidas y solo La Ley de Dios permanecerá y resistirá los estragos del tiempo". Jomeini residía en París desde que fue exiliado, tras el fracaso de una revuelta liderada por él, en 1963, que fue sofocada sangrientamente, por el ejército, con la muerte de 15.000 iraníes. El alimentó una nueva revolución desde la ciudad santa de Najal (Iraq). La revolución terminó derrocando al Shah, en 1978, dando al traste con 2.500 años de monarquía. Khomeini fue aclamado como nuevo líder del país. Así quedaba en vía muerta el progreso iniciado por el occidentalizado Reza Palevi y se retornaba a las viejas tradiciones como la más impresionante reafirmación islámica de los tiempos modernos.

"Es el experto religioso, y no otro, el que ha de ocuparse de los asuntos de gobierno"- Declaraba Khomeini.

En Siria, la Fraternidad Musulmana se siguió manifestando contra el laicismo chiita. En Iraq, los chiitas siguen creando problemas al régimen social-baathista. En el norte de Africa se sigue manteniendo el islam como fuente de poder y en Argelia las mujeres regresan al empleo del velo. En Malasia, a miles de kilómetros de esos países, se reafirma el empleo de las vestimentas musulmanas y los movimientos misioneros crecen con rapidez. Por el contrario, en la CEI el islam afecta a unos 50 millones de personas y se mantiene en un estado de sigilo encubierto, uno de cada tres soviéticos era musulmán en el año 2000 y se sigue resistiendo la asimilación rusa, negándose a establecer matrimonios mixtos. En Indonesia, el islam no parece haber recuperado el impulso de que gozaba después de la Guerra Mundial y las peregrinaciones a La Meca son muy inferiores a las de tiempos pasados.

Las organizaciones pan islámicas

Dos son las grandes organizaciones pan islámicas: La Liga Musulmana Mundial, fundada en 1962 como instrumento de propagación de la fe, que tiene su sede en La Meca; y la Conferencia Islámica, con su secretariado en Jedda, que reúne a los ministros de asuntos exteriores cada año. Uno de sus asuntos principales es la causa árabe contra Israel y la coordinación de un frente común en la ONU. Ambas organizaciones son un nítido reflejo de la fe en el islam como unión de una "comunidad mejor", según expresó Alá. Una fe que culmina con la peregrinación anual a La Meca. Un segundo nexo de unión y de poder es el Oro Negro que ha servido para que retornaran al redil los países musulmanes más recalcitrantes.

El mundo islámico ha sentido, a partir de los años 80, una renovada confianza en su identidad y en la visión de una vida construida sobre el Corán. Tras la "atracción del Oeste" y de soportar "las horas de Europa a llama y fuego" están despertando de una "modorra profunda" para tratar de reconstruir su mundo, aunque desconozcan o duden sobre lo que pueda haber de verdad en su ideología, como les ocurre a otros muchos creyentes de diferentes ideologías del mundo entero.

Comentario de los autores:

Hemos concluido esta adaptación de textos del libro "El Mundo Islámico. Esplendor de una fe" de Francis Robinson, con la extraña sensación de que hemos cabalgado demasiado deprisa a lomos de un caballo del que no nos gustaba su forma de galopar por paisajes poco agradables. No hemos sentido, ni de lejos, ninguna satisfacción especial con la contemplación de los frustrados avances y retrocesos del universo musulmán, ni con sus errores ni con sus aciertos. Hemos tenido la sensación de que letra tras letra nos íbamos alejando de nuestra idea anterior de un mundo que admirabamos por los ecos de un pasado esplendor, del que tanto heredamos los españoles, y por los cuentos sobre harenes y lámparas maravillosas que desde nuestra infancia nos trasladaban reflejos y fantasías, increíblemente hermosas, sobre un mundo casi imposible.

La bella e imaginativa hija del visir, Sherezade, durante "Mil y Una Noches" susurró, con todo su encanto, aquellas mágicas historias en los oídos del Sultán, para evitar que el odioso cabroncete le quitara la vida después de poseerla la primera noche. De ese modo, le fue interesando y el grandísimo mamoncete escuchaba embelesado los sucesivos cuentos cuyo desenlace aplazaba, astutamente, Sherazade, hasta la noche siguiente.

Aquel fue el único recurso de aquella bella musulmana para sobrevivir a su cruel destino. Su larga narración deslumbró a la racionalista Europa y despertó un romántico e inicial interés de occidente por el mundo islámico. Más tarde surgió el petróleo, de las arenas del desierto, como un enorme genio que desparramó riqueza y lágrimas y, de nuevo, la sangre de muchos inocentes.

Nosotros, guerreros laicos ungidos por todas las divinidades de este mundo (lo cual no encierra ningún contrasentido), sentimos un "profundo respeto" por cualquier hombre de fe, sea esta cual sea, pero siempre insistiremos en que cualquier religión o cultura que es utilizada como instrumento de poder terrenal es una religión prostituida y maldita por el Dios verdadero, el Dios sin profetas, el dios silencioso, próximo o remoto y bien alejado de nuestro mundo, al que cada uno es libre de interpretar como quiera, pero sin hacer de él una odiosa  y mendaz arma contra los demás.

La historia de la humanidad es una larga historia de enfrentamientos presididos por lo religioso y lo contra religioso, por ese "opio del pueblo", como acertó a decir el profeta de las masas socialistas, que es utilizado para el enfrentamiento y la modorra de seres humanos con idénticos afanes, amar y ser amados.

Odiar y ser odiados, es hoy el destino de los pueblos que siguen creyendo en que la "verdad religiosa" es privilegio de unos cuantos, que son "los mejores" o el "pueblo elegido" por ese Dios que sus mayores les inventaron hace siglos. Esos pueblos que siguen sin concederse la libertad que los dioses suelen conceder cuando se deja de invocarlos y se vuelve la mirada hacia lo próximo, hacia los prójimos de carne, hueso y sentimiento. Pueblos inmensos, que siguen atrapados en la pequeñez de sus miedos ancestrales, se oponen a la real libertad y a los más elementales derechos del hombre. Pueblos egoístas y sin futuro que condenan al resto de la humanidad a sacrificios innecesarios, consintiendo en ser esclavos de los menos sabios, de los que utilizan el recurso de la tiranía de las tradiciones y de ideas caducas y enfermizas, millones de veces utilizadas contra el hombre por el hombre, para su ciego sometimiento, cuanto mayor es su grado de analfabetismo, falta de cultura y conocimientos.

Debemos construir nuestras referencias morales más acá de lo sobrenatural. Solo las sociedades laicas que saben hacer de las religiones un referente moral o ético, aunque no necesario, poniendo en su sitio a tanto y tanto grosero clérigo y cabecilla engordado con sudor o sangre ajena, podrán caminar hacia mayores niveles de libertad y, por tanto, de progreso y competencia. La difusión del conocimiento irá arrasando los tótems y tabúes residuales de nuestras sociedades, logrando hermanar a todos los seres del planeta sin distinción de especies, razas y sexos. La presión de las cada día más temibles armas modernas de destrucción solo quedarán para contribuir al fin de la miseria y al principio de la rehabilitación de las sociedades perdidas y destrozadas por siglos de sinrazón. Cualquier tipo de integrismo debe ser combatido más allá de cualquier contemplación de la que tantos ejemplos hemos tenido en nuestro pasado lejano y reciente, y cualquier visionario cruel y sus discípulos deben ser confinados en sus propios infiernos, por los siglos de los siglos, hasta el final de sus días, o hasta su sincera y real incorporación al mundo de los vivos.

Los hombres crearon a sus dioses a su imagen y semejanza, toda una serie de seres reflejo de la ignorancia y el miedo a la vida. Dioses amenazadores que nada tienen que ver con la remota causa, principio del universo. Crearon un escudo defensivo, un instrumento de poder terrenal y un terrible arma arrojadiza contra sus prójimos, negando la igualdad de derechos a todos los seres vivos y su libertad de pensamiento. Solo la universalización de un auténtico concepto sobre lo que significa la vida, permitirá que el mundo progrese en paz y se modere la ferocidad que se ha llegado a desarrollar por un desmedido temor a lo desconocido y a la sana competencia. Cualquier referencia religiosa debe pertenecer a nuestra intimidad personal, pero no puede seguir siendo causa de discordia o una excusa para el pervertido dominio del hombre por su prójimo.

El involucionismo o integrismo islámico o el exclusivismo y determinismo sionista son dos tendencias odiosas y opuestas que pueden destrozar una deseada paz en el siglo XXI. Es necesario que, tanto los países occidentales, como los orientales, apuesten por imponer la paz por la fuerza de la razón o por la fuerza bruta, la razón de la fuerza, ya que la razón a secas solo ha conocido grandes fracasos,  más allá de los victimistas alegatos de ambas tendencias. Si fue, y es, un grave error apoyar la prepotencia sionista en Palestina, será un error, todavía mayor, consentir que el Islam sea causa de la destrucción del Estado de Israel, como lo sería impedir la construcción inmediata de un Estado Palestino. Goliat sigue vivo y no queremos ver repetida la hazaña de ningún reencarnado y crecido rey David, sino obtener los frutos de esa misma sabiduría que demostró el rey Salomón en aquel lejano juicio bíblico, un juicio donde triunfó el verdadero amor, frente a la brutal, estéril y ciega ambición.

Hoy parece iniciada la destrucción del integrismo Afgano. Con el apoyo de Oriente y Occidente, se ha asestado un merecido golpe a una de las cunas del involucionismo cultural y religioso. Todo un pueblo ha padecido las consecuencias de la inducida modorra, totalmente ajena  a los despiertos y vivos tiempos modernos que supuso el régimen taliban. Un sistema tribal, anclado en tradiciones ancestrales, sigue allí latente, y Occidente, Oriente y el Mundo Musulmán deben colaborar en que esta nación, como otras no alejadas de ella, puedan avanzar en un sentido totalmente opuesto a  aquel que permite la acción de un terrorismo de fatales consecuencias, así como el retorno a las costumbres más odiosas y absurdas de islamismo radical. Una colaboración que ha de sumar esfuerzos más allá de cualquier otra consideración. Una colaboración que debe significar el principio real del resurgir de una grande área geográfica, sumida en caos permanente desde el siglo XVII. Todo lo demás son cuentos y los cuentos, cuentos son.

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Es urgente lograr  la paz y la amistad entre pueblos de distinta fe
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para que el hambre, la opresión
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el dolor, el odio y el silencio de la mujer
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 dejen de ser una amenaza para las nuevas generaciones.
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AMEN y fin.
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Volver a El Islam (I)
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Terror en USA - Ataque a Manhattan
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Esperamos poder añadir imágenes y mapas a estos textos lo antes posible.
Pero necesitábamos lanzar este tema a la red antes de Navidad, festividad
que, por supuesto, celebra mucho menos de la mitad del MUNDO Mundial.
El que caze  los gazapos, será recompensado por Alá, ¡Alá es grande!.
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