Sello representativo de La Meca A&D
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El Islam
 "La Sumisión y Entrega a Dios"
Esplendor y declive de una fe
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La Kaaba en La Meca. Centro de peregrinación donde giran y giran millones de musulmanes.

La llave de la Kaaba (Museo del Louvre, París).
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Introibo

La expansión del Islam, iniciada hace catorce siglos, y su influencia sobre otros pueblos, ha constituido uno de los grandes acontecimientos de la historia universal. Sucesivas generaciones han sido cautivadas por su propuesta, reflejada en El Corán, el libro sagrado legado por Mahoma, de como vivir la existencia con sometimiento absoluto a al-ilah, Alá, el dios único por excelencia, el "Señor de la Casa",  casa que es la Kaaba, en La Meca. La Kaaba, significa "dado", es un edificio de piedra gris de 11 metros de altura en forma de cubo, está cubierto por un velo de seda negra que durante el tiempo de peregrinación es reemplazado por uno de seda blanca. En el interior se encuentra La piedra negra(un meteorito) que, según la tradición, fue entregada a Mahoma por el ángel Gabriel. La Kaaba ya era un lugar sagrado en tiempos preislámicos. Mahoma era considerado por el islam descendiente de Abraham que había pedido a Dios que hiciera de La Meca un lugar de refugio y residencia. Abraham, con la ayuda de su hijo Ismael, erigió la Kaaba como santuario del Dios único en la Arabia politeista, relacionando La Meca con los primeros creyentes en un solo Dios, los hafaníes.

Una quinta parte de la población mundial, 1200 millones de seres humanos, es musulmana y en su mayoría continua viviendo en sus territorios de origen, aunque la creciente migración a multitud de países occidentales y el progresivo establecimiento de comunidades muslímicas está teniendo repercusiones de gran importancia en las naciones que les acogen.

Desde el siglo VIII, su doctrina chocó frontalmente con el cristianismo que se sintió amenazado ante su meteórica expansión en gran parte del mundo asiático, antiguo feudo de los imperios griego y romano, tanto de Oriente como de Occidente. Se creía que Mahoma había sido adoctrinado por un monje cristiano. El islam, inspirado en doctrinas semitas y cristianas, aunque reconoce la existencia de un dios único, creador del universo, con atributos similares a los otorgados por el Antiguo Testamento, hace del sexo la clave de las recompensas celestiales, niega el misterio de la Trinidad, la divinidad de Jesús y su muerte en la cruz, pero admite que éste naciera de una virgen a la que también venera.

Para los cristianos era inalcanzable que Mahoma fuera un verdadero profeta. Un líder que usó la fuerza para extender sus dominios y la nueva religión, un hombre que no hizo milagros ni creía en ellos y que llevó una vida sexual inconcebible, según el ortodoxo patrón cristiano al que deben obedecer los comportamientos de un auténtico profeta, no podía ser un mensajero de Dios. Su mensaje contenía dos aspectos esenciales: el empleo de la violencia para la extensión de la religión y la libertad sexual que admitía en este mundo como prometía en el otro.

El negativo sentimiento cristiano hacia el islam fue cambiando con el paso de los siglos, especialmente cuando occidente fue penetrando en territorio musulmán a partir del siglo XVII, frenando definitivamente su anterior expansión. En 1920, tres cuartas partes del mundo musulmán estaban bajo dominio europeo y un sentimiento generalizado de mayor tolerancia se había generalizado. La difusión de "Las Mil y Una Noches", traducida por primera vez en 1704 por Galland, inclinó a muchos europeos a interesarse de forma romántica por las costumbres del mundo islámico al que consideraban un mundo exótico lleno de visires, genios, lámparas maravillosas y sucesos sorprendentes, en los que podían encontrar fuentes de inspiración diferentes a las del creciente racionalismo europeo postrenacentista.

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Odalisca - Sherezade en Las Mil y Una Noches - Guardián de un harén
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Muchos excéntricos encontraron original vestir según la moda oriental, y varios intelectuales y artistas, como Montesquieu, con sus "Cartas persas"; Goethe, con "Diván oriental - occidental", Washington Irwing, con "Historias de la Alhambra"; Mozart, con "El rapto del serrallo" y otros muchos, adentraron a sus públicos en la superficie de un mundo islámico en galopante decadencia, tras la progresiva atomización del poder político, consecuencia de las continuadas revueltas y devastadoras guerras internas entre los diferentes pueblos que conformaron el potente imperio musulmán del siglo XVI. Los ocasionales viajeros o aventureros y los arqueólogos narraban sus experiencias ante un mundo occidental deslumbrado por los numerosos escritos publicados con la interpretación del pasado y del presente asiático y egipcio. Ante el lastimoso estado en que gran parte de aquellas sociedades se encontraban, sometidas a la voluntad de Alá, se estableció una opinión generalizada sobre la superioridad del mundo occidental que se vio reforzada por el creciente poder de los europeos en un Asia políticamente debilitada.
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"Hablaré ahora de Egipto, porque este país posee muchas cosas maravillosas y presenta monumentos que van más allá de todo lo que puede decirse
y superan a los de cualquier otro país..."
(Así iniciaba Herodoto su historia sobre Egipto, mil años antes del dominio árabe )

En Egipto, como ya iniciara el cristianismo, impuesto en el Imperio Romano por el emperador Constantino, a partir de 313 d.C.,  y desde el año 640, continuara el islam, fue barrido todo vestigio costumbrista o religioso del mundo de los antiguos faraones y de los dioses "paganos" egipcios y cristianos. Con la dominación árabe, el país se convirtio en un lugar impenetrable para los infieles europeos, salvo las ciudades de El Cairo y Alejandría, nudos de dos importantes rutas comerciales, donde, entre otras mercancías, se embarcaban rumbo a Europa, numerosas estatuas, obeliscos, indescifrables papiros y joyas adquiridas a los comerciantes musulmanes. Los templos, tesoros y demás, objetos de arte pagano, sometidos al pillaje durante siglos, habían sido abandonados a su suerte y en gran parte fueron paulatinamente sepultados por la arena del desierto o servían de vivienda ocasional para jefes de las tribus y otros jerifaltes locales.

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Entrada al templo de RamsesII en Abu Simbel - Templo de Luxor - Templo del dios Knum en Esná
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Las grandiosas obras de los faraones fueron utilizados como canteras para otras construcciones. A las piramides de Giza se les arrancó su recubrimiento de bellas placas de piedra caliza blanca de Tura que les había proporcionado un mágico resplandor que se podía percibir a millas de distancia. Otros tesoros y también las momias eran muy buscados. Ya en la época de Las Cruzadas se atribuía importantes propiedades terapeúticas al polvo de momia. Sin embargo, las que se conservaban en buen estado eran vendidas a los europeos que pudieron iniciar, junto con otras adquisiciones, los primeros museos sobre el deslumbrante y remoto pasado del País del Nilo.

Desde 1517 Egipto, bajo el control de la "Sublime Puerta" y anexionado al Imperio Otomano, se había convertido en un país más asequible al viajero europeo, pero continuó siendo un misterioso mundo fantástico hasta el siglo XVIII, cuando se comenzaron a difundir escritos y dibujos sobre los grandes monumentos faraónicos descubiertos durante las exploraciones del reverendo Richard Pococke y del capitán de la marina danesa Frederik Ludwing; descubrimientos que culminaron con los realizados a partir de las campañas napoleónicas de 1798.

Dominique Vivant Lennon (1747-1825), literato y dibujante que viajaba con la vanguardia del ejército francés, publicó, en 1802, una síntesis ilustrada de su experiencia "Viaje por el Alto y Bajo Egipto" que suscitó un enorme interés de Europa por la antiquísima civilización. Un tropel de arqueólogos, artistas  y literatos se trasladó al país de las pirámides haciendo nacer una nueva ciencia "La Egiptología". El hallazgo de la "Piedra Rosetta", por uno de los zapadores de Napoleón,  facilitó a Chapollion la interpretación de los jeroglíficos egipcios que propiciaría el auge de esta ciencia y la puesta de moda y redescubrimiento del antiguo Egipto y su milenaria historia.

A Champollión le siguieron Wilkinson y Lepsius y pintores y dibujantes como, Cassas, Rifaud, Coste, Roberts y otros muchos que realizaron numerosas recreaciones gráficas, incluso de monumentos de los que hoy no queda vestigio alguno en su lugar de origen y que podríamos rastrear por piezas por los museos de todo el mundo. Quedaban muy atrás, pero como importante referencia para los nuevos historiadores y artistas, los escritos de Herodoto (s.V a.C.) el infatigable griego, historiador y viajero, la obra de su contemporaneo el geógrafo Estrabón y la del naturalista Plinio el Viejo; así como los años de dominación de Roma que también supo embellecer su Foro con el granito de Asuán y con obeliscos egipcios, transportados junto con numerosos estatuas de piedra desde las orillas del Nilo a las del Tiber romano.

A partir de la segunda Guerra Mundial, los estudios islámicos experimentaron una constante expansión a medida que aumentaba el interés de los Estados Unidos de América por la civilización oriental y sus "riquezas ocultas". El mundo occidental, fundamentalmente agnóstico y materialista, rechazaba con fuerza el énfasis del islam en la aplastante superioridad de la palabra de Dios, una concepción de lo sobrenatural típicamente semita, totalmente opuesta al espíritu científico de las sociedades evolucionadas que representaba una insalvable barrera para el progreso, como se había demostrado, en occidente, durante el largo periodo medieval europeo. La confianza occidental en su superioridad continuó creciendo y solo los cristianos piadosos sintieron cierta afinidad y simpatía por aquellos que también adoraban a un solo dios, aunque negaran la divinidad de Jesús; para el islam, un importante profeta nacido de una virgen cuyo culto respetaban. Incluso, el Concilio Vaticano II recomendó mirar el islamismo con respeto y aprecio por su forma de honrar a Dios y por su vida moral, marcada por la oración, las limosnas y el ayuno.

Arabia y los antecedentes del Islam.

En el siglo VI a.C., Arabia formaba parte del Imperio Persa de los Aquemenidas que fundaron la península de Arabiya, en el año 539 a.C. Arabia del sur experimentó, desde entonces, el auge de gran cantidad de reinos, la mayoría de los cuales se encontraban a lo largo de la costa occidental. En la frontera con Palestina se hallaba el reino de los nabateos de Petra (Jordania), centro de una importante ruta comerial "La Ruta de la Seda", que experimentó un gran apogeo entre los siglos VI a.C. y I d.C. Petra  ha acumulado más leyendas que ninguna otra ciudad de Oriente Próximo: lugar de paso de Moisés camino de la Tierra Prometida, escondite de tesoros de los faraones y refugio del Santo Grial. En 106 d.C., toda la región cayó bajo el indulgente poder de Roma y continuó su prosperidad. Durante el reinado de la reina Zenobia, el reino de Palmira, situado entre el Eufrates y el Oronte, se reveló contra el Imperio, en el siglo III, y fue destruido por Marco Aurelio.

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Teatro romano en Palmira
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Ruinas de Palmira - La Reina Zenobia - El templo de Baal - Petra, templo funerario.
Las ruinas de Petra, la ciudad excavada en la roca,  han fascinado siempre a Occidente.
Al final del estrecho desfiladero del Siq, que en algunos puntos alcanza alturas de 200 metros,
se abre un valle en cuyas paredes están talladas las fachadas
de edificios y unos 800 monumentos.
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El norte de Arabia se convirtió en el escenario de las guerras entre las grandes potencias de entonces, Roma y después Bizancio, contra los persas sasánidas y partos. A partir del siglo VI dC., se produjo cierto equilibrio y se crearon "estados tapón"  como los "lajmíes" persas, con capital en Hira, y los "gasaníes" bizantino-cristianos, con capital en Barsa (Basora), que alcanzaron cierta independencia bajo el dominio de árabes que habían sido vasallos y soldados de ambos imperios. Los árabes, de ambos bandos, aprendieron mucho de los imperios sobre tácticas de guerra y fortificación, aprendizaje que fue de gran importancia para el éxito militar de Mahoma y los inicios del islam. Igualmente, heredaron de los estados centro asiáticos un sistema de centralización del poder basado en el vasallaje a gobernantes de "origen divino", mediadores con los dioses, y a toda una casta de sacerdotes con gran influencia en las decisiones políticas. La frontera entre lo divino y lo terrenal era práticamente invisible.

Antes de Mahoma, debido a las extremas condiciones climáticas y naturales, Arabia era la periferia de los grandes centros culturales, donde se la consideraba una tierra salvaje de beduinos politeistas que intentaban aprovechar los ricos recursos ajenos. Parece ser que existió un culto a los principales símbolos de la naturaleza como el Sol, la Luna y Venus y al meteorito de la Kaaba en La Meca, donde desde tiempos remotos se conservaba el culto al dios masculino Hubal y a las diosas femeninas: Uzza, Lat y Manat que posteriormente se llamaron "Hijas de Alá". En la antigua Arabia hubo también respetados "buscadores de dios", los hafaníes, la mayoría de origen cristiano y judío que, ante el progresivo debilitamiento del politeísmo, habían abrazado el monoteísmo.

Gran cantidad de familias judías habían emigrado a Arabia después de la conquista romana de Jerusalén, en el año 70 d.C., y de la revolución de Bar-Kojba de 135 d.C. Allí formaron una cultura propia y estaban muy representados en Medina, donde el 50% de la población era judía en tiempos de Mahoma. Adoptaron muchas de las constumbres árabes, pero mantuvieron el monoteísmo de su religión y el convencimiento de ser el pueblo elegido; aquel importante factor de integración deslumbraba al  futuro profeta e, indudablemente, inspiró su misión.

La fe islámica

La fe islámica comenzó a difundirse a partir del año 610, cuando Mahoma (570-632 d.C.), hijo póstumo de un rico mercader árabe de La Meca , Abd-Allah, acogido por su abuelo paterno y después por su tío y protector Abu-Talib, tuvo una visión mientras dormía en una cueva del desierto. Se le apareció el ángel Gabriel y le dijo: "¡Iqra!" (¡ lee! o ¡recita!) "Predica en nombre de tu Señor, el que lo ha creado todo..." (azora 96 del Corán). Así comenzaba el primero de los numerosos mensajes recibidos por Mahoma, que fueron recogidos en su libro sagrado "El Corán" que significa "lectura" o "recitación". Mahoma, aceptó su misión como "enviado de Dios" (rasul allah). Se puso a predicar, exhortando a su pueblo a abandonar los numerosos ídolos que adoraban y a someterse al único dios verdadero, Alá. Al principio su misión tuvo escaso éxito en La Meca, provocando fuertes rechazos, sus enemigos se burlaban del nuevo mensajero divino y le humillaban.

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Halima, la nodriza de Mahoma, amamanta al huérfano  - Abraham - Mahoma predica en Medina
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En el año 620, Mahoma y sus seguidores tuvieron que refugiarse en la ciudad oasis de Medina, a unos 350 kilómetros al nordeste de La Meca, ambas ciudades están próximas a las costas del Mar Rojo, siendo centro de peregrinación de los musulmanes, como Jerusalén lo es para judíos y cristianos. La Hégira comenzó en Medina, Mahoma se convirtió en un poderoso gobernante con autoridad política, militar y religiosa y desde allí, recurriendo a la fuerza y a las alianzas, extendió su religión y su poder político. En el año 630, "purificó" la Kaaba e hizo retirar todos los ídolos existentes. Durante la peregrinación a La Meca, obligatoria para todo el mundo musulmán, los creyentes han de dar siete vueltas a la Kaaba (tawaf). Una tradición narra que los enemigos de Mahoma habían divulgado el rumor de que los peregrinos que llegaban a La Meca eran débiles como su fe. El Profeta pidió a sus seguidores que las tres primeras vueltas las dieran a paso ligero para demostrar que estaban fuertes.

"Los hombres están obligados ante Dios a realizar la peregrinación a la Kaaba, siempre que les sea posible"

Mahoma había islamizado, como hizo con muchas otras costumbres antiguas, el peregrinaje a La Meca, ritual que se ha mantenido hasta nuestros días.

A su muerte, en el año 632, ya había creado el Estado de Arabia Occidental y entregado a los nómadas una nueva fe en un único dios y un libro sagrado que indicaba el camino hacia una vida muy superior al del paganismo que sustituía. Para sus fieles seguidores, el Profeta perfeccionó el mensaje de los grandes profetas hebreos, incluido Cristo, y unió el poder religioso y secular en uno solo, en el que la "sumisión a Dios" prevalecía sobre cualquier otra ley. El "Califa" o jefe de cada comunidad era el que debía administrar la voluntad de Dios y llevar sus beneficios al resto de la humanidad.

El Corán

Llamado también Kitab-Ullah, libro de Dios, contiene la doctrina de Mahoma que se asienta sobre cinco pilares:

1º) La observancia del credo, que exige creer en Dios, en sus ángeles, sus libros , sus profetas y en el "Ultimo Día", cuando los hombres serán juzgados.

"No hay más dios que Alá y Mahoma es su Profeta"

2º) El ejercicio de la oración. Los buenos musulmanes deben orar al menos cinco veces cada día, arrodillados y mirando hacia La Meca, haciendo siete reverencias hasta tocar el suelo con la frente, acompañadas de la recitación de algunos textos. La oración comienza poniendo las manos abiertas a ambos lados del rostro, mientras se dice:

"Dios es el más grande"
y, manteniéndose erguido, se recita el capítulo inicial del Corán y algún otro texto. (al cabo de los años muchos musulmanes tienen en la frente un callo distintivo, "La Marca de la Oración").

3º) La práctica de la limosna.

"Permaneced en oración y pagad una porción al pobre"
El monto de lo que habían de pagar era la cuadragésima parte de los ingresos.

4º) La observancia del ayuno, durante el noveno periodo lunar del año, El Ramadán. Durante las horas de luz del día, el musulmán habrá que abstenerse de comer, beber, fumar, y mantener relaciones sexuales, en busca de una disciplina y purificación que refuerza el sentimiento comunitario.

"La luna del Ramadán, durante la cual descendió el Corán de lo alto
para servir de dirección a los hombres..."

5º) La peregrinación a La Meca. Debe realizarse, al menos una vez durante la vida. Allí, los musulmanes se despojarán de sus ropas y vestirán unas sábanas blancas que simbolizan el abandono de la vida ordinaria y la voluntad de aniquilarse así mismos ante Dios. Y después darán siete vueltas alrededor de la Kaaba. Luego deberán sacrificar un animal y afeitarse la cabeza. Ningún otro rito ha hecho tanto por la solidaridad islámica.

"Haced la peregrinación a la Meca y la visita a otros lugares santos,
y si no pudieséis por estar cercados por los enemigos, enviad alguna ofrenda.
No afeitéis vuestras cabezas hasta que la ofrenda haya llegado
al lugar donde ser inmolada..."
(Azora 2, 192)

Podría considerarse que un sexto pilar es la Yihad o "esfuerzo en el camino de Dios"  "guerra santa" o "guerra justa". El Corán aconseja a los creyentes:

"Combatir en la senda de Dios contra quienes os hagan la guerra. Pero no cometáis injusticia atacándolos primero, pues Dios no ama a los injustos"
(Azora 2, 186)
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"Matadles doquiera que los halléis y expulsadles de donde ellos os han expulsado.
La tentación de la idolatría es peor que la canicería de la guerra"
(Azora 2, 187)
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"Combatidles hasta tanto que no tengáis que temer la tentación y hasta que todo culto sea el del Dios único. Si ponéis fin a sus acciones, entonces no más hostilidades,
a no ser contra los perversos".
(Azora 2, 189)

Cuando Mahoma, escribió estos consejos o mandatos, no era todavía dueño de La Meca, y se mantenía a la defensiva, condenando la guerra de agresión. Sin embargo la literalidad de los textos ha hecho, durante siglos, que los musulmanes se hayan creido libres de todo compromiso para con los pueblos de otra religión, cuando sus fuerzas les permitieron extender sus dominios.

Si embargo, son muchos los musulmanes que han llegado a comprender que no se trata de una "guerra santa contra los infieles" sino contra los enemigos del alma y del cuerpo,"los bajos instintos del hombre". Solo el integrismo sigue interpretando el milenario mensaje en su peor y más agresivo sentido, como si La Meca permaneciera en poder de los enemigos de Mahoma o no hubieran transcurrido catorce siglos de progreso de la civilización y de la tolerancia religiosa.

El Corán fue redactado en el año 650 por mandato del califa Utmán, recopilando los numerosos mensajes que recogieron los amanuenses de Mahoma, líder religioso, gobernante político y legislador. Desde entonces, parece ser, que su texto original ha resistido numerosos fallidos intentos de introducir modificaciones en las 323.631 letras que componen sus 77.934 palabras. Tal vez una revisión a fondo del Corán, sería un buen y esperanzador nuevo principio para el Mundo Musulmán, en caso de continuar aferrado a sus textos.

La Expansión del Islam

Los musulmanes, enardecidos con su nueva fe, consiguieron dominar el resto de Arabia en el año 634 y, ocho años después, los imperios bizantino y sasánida, Egipto, Siria, Irak y parte de Irán, comenzaba a invertirse su historia anterior y la tradicional dependencia de los antiguos imperios. En año 656, con el tercer califa, Utmán, rebasaron el Cáucaso, por el norte; la Cirenaica, por el oeste; y el Oxus y el Indú-Kush, por el este. A principios del siglo VIII se extendieron por el norte de Africa, invadieron la Península Ibérica, llegando hasta Francia, donde fueron detenidos por los francos, en Poitiers. Por otro lado, también consolidaron sus dominios en Asia central y en la India. A mediados de siglo, los musulmanes gobernaban un vasto imperio, con capital en Damasco. Ante el fulgurante éxito alcanzado, tuvieron la certeza de que, gracias a Mahoma, habían tomado el pulso de la historia.

Pero no todo había sido un camino de rosas: Las luchas por el poder ocasionaron tres guerras civiles. A la muerte del profeta, la dinastía aristocrática de los Omeya se hizo por la fuerza con el califato, un cargo electivo, en perjuicio de los herederos legítimos del profeta, encabezados por su hermano Alí. Estos fundaron el chiismo y los chiitas lucharon por tomar lo que consideraban justo. El califa Utmán fue asesinado y Alí tomó su puesto, pero a su vez fue asesinado, en 661, y su heredero renunció al cargo bajo la gran presión Omeya. Los chiitas mantuvieron sus aspiraciones y, en el año 680, el hijo menor de Alí, Hussein, encabezó una nueva rebelión. Fue asesinado junto con sus parientes más próximos. Aquella carnicería y ensañamiento con los parientes del profeta escandalizó a una gran mayoría de musulmanes y alimentó la popularidad de la resistencia chiita que consiguió derribar el califato Omeya, en el año 750, y entronizar la dinastía Abasida en manos de los descendientes de Al-Abbas, un tío del Profeta.

La dinastía Abasida prosiguió el iniciado proceso de consolidación interna del imperio, poniendo las bases de la que sería la gran civilización muslímica. Los pueblos dominados, todos ellos con grandes culturas, se fundieron bajo la "pax islámica", surgiendo una brillante civilización. El desarrollo del comercio, desde España a la India y desde China a Egipto, hizo florecer las ciudades y Bagdad, la nueva capital de la dinastía abasida, fundada en el año 762, fue el mayor centro comercial conocido desde la antigüedad.

Se desarrolló la arquitectura, y los principales símbolos del nuevo poder fueron las mezquitas de Samarra, en Irak; Kairvan, en Túnez, y Ahmed Ibn Tulún, en El Cairo. Florecieron las artes, la actividad intelectual y los estudios religiosos se multiplicaron desde Samarcanda a la Península Ibérica. Las matemáticas de fundamentos griegos se desarrollaron hasta incluir el álgebra y la trigonometría. La medicina, la historia, la literatura y la geografía conocieron un inmenso desarrollo. Se promulgaron cuatro grandes códigos de leyes, fundados en el Corán y las tradiciones, jurisprudencia que se pronunciaba sobre cualquier aspecto de la vida humana. El árabe fue la lengua oficial del imperio en cuestiones de derecho y religión.

Pero los poderes del califato, sumido en una lastrante burocracia, fueron siendo mermados, progresivamente, según los pueblos dominados adquirían mayor seguridad en sí mismos. De hecho, la dinastía Abasida nunca gobernó en España, que se declaró emirato independiente bajo el dominio de un príncipe Omeya fugitivo, Abd al-Rahaman ben Mu´awiya o Abderramán I ben Omeya (r.756-788). Surgieron reinos independientes que, aunque durante algún tiempo reconocieron la autoridad del califa abasida como cabeza del islam, se pusieron bajo la influencia de dos nuevos califas. Uno de ellos al frente del califato de Córdoba y otro en Egipto.

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 La Alhambra de Granada (España - Al sur de Sierra Nevada)
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Patio de los Leones de La Alhambra. Interior de la Mezquita de Córdoba. Baños de La Alhambra.
Tres bellas representaciones de la arquitectura árabe en España, durante el sultanato de los Nazaríes (1238-1492).
Granada fue el último reino islámico en Europa y se convirtió en el último tesoro
de una refinada cultura andaluza y árabe.
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La Mezquita de Córdoba (España) - La Sultana (Filipo Baratti, 1872). Cuadro inspirado en "Historias de la Alhambra" (1832) de Washington Irwing.
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Durante los siglos X y XI, los persas, que habían conservado su lengua preislámica, al margen de su contribución en la expansión del árabe, enriquecieron aquella con nuevos vocablos árabes y mantuvieron los caracteres arábigos. Esta lengua, así enriquecida, se convirtió en el poderoso instrumento de su identidad étnica, hasta llegar a ser la segunda lengua del islam con predominio en Asia.

En el siglo X, el islam había perdido la unidad política y el brío militar de sus orígenes. Las tribus turcas, musulmanas de religión, fueron las primeras en establecer nuevas dinastías. Se adueñaron de gran parte de Asia Occidental y fueron las primeras en enarbolar la bandera musulmana en Asia Menor.

En Africa, los movimientos nómadas llevaron el islam hasta Senegal y Nigeria. En los países de Asia Central, los turcos controlaban el califato en el año 1100, compartiendo con los fatimitas de Egipto el poder de la comunidad islámica. Esta tercera raza aportó nuevas energías al islam y creó una nueva institución, el sultanato. El sultán era designado por el califa e imponía su autoridad, y así fue desde el año 1058 con el primer sultán seleucida.

En el Este, los turcos gaznabíes asentaron su poder en el norte de la India, y en el Oeste, los seleucidas pusieron los cimientos de la futura Turquía, convirtiendo la zona en la base para la invasión de Europa sudoriental. Su victoria sobre el Imperio Bizantino, en 1071, propició, veinticinco años después, un largo periodo de 200 años de cruzadas de los reinos cristianos.


Castillo de los Caballeros de San Juan (Siria).
A partir de 1110,  fue una importante base de los cruzados para el ataque a las regiones árabes, hasta
que fue conquistado por el sultán mameluco Baybars en 1271.
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En Palestina, la influencia de las cruzadas fue escasa, pero produjo graves perjuicios a los cristianos que, hasta entonces, convivían en paz con el islam. Sin embargo, fuera de Palestina los musulmanes sufrieron derrotas de importancia. Sicilia fue conquistada, en 1091, por los normandos. En 1147, se recuperó Lisboa para el mundo cristiano y, en el año1212, tras el triunfo de los reinos cristianos españoles en la Batalla de las Navas de Tolosa, ya habían reconquistado la mayor parte de la península, quedando bajo el poder musulmán el reino de Granada, que más tarde pasó a rendir tributos a los cristianos hasta su definitiva rendición, en 1492, durante el reinado de los Reyes Católicos.
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Batalla de Las Navas de Tolosa (1212) (Van Halen;  Madrid, Palacio del Senado).
Seiscientos años después de la invasión musulmana, las tropas cristianas,
unidas bajo el mando de Alfonso VIII, consiguieron una victoria decisiva en la reconquista
 del territorio español ocupado por el islam.
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La última invasión del imperio islámico fue la de los mogoles. La primera oleada mogola, capitaneada por Gengis Khan, tuvo lugar entre 1220 y 1225 y se extendió desde el norte asiático, hasta el Cáucaso. La segunda inundó Asia Central. Los mogoles saquearon Bagdad, en 1258, y, bajo unas alfombras, patearon al último califa abasida y a toda su familia, hasta acabar con ellos (ojos que no ven...).

Los mogoles arrasaron cuanto pudieron y donde pudieron. Degollaban pueblos enteros, amontonando las cabezas en montículos que, con su fluorescencia nocturna y fantasmal, avisaban del peligro que corrían las poblaciones rebeldes. Para ellos fue un placer destruir la superior cultura alcanzada por los pueblos sedentarios, entre Samarcanda, Bagdad y Delhi, sin importarles que la economía se derrumbase. Durante algún tiempo, gobernaron desde Pekín. Después, dividieron sus dominios en tres grandes estados: el de Asia Central, Chajhatai; el de La Orda de Oro, en la cuenca del Volga, y el que abarcó Irán e Irak, de los ibkanos. Cuando estos estados declinaron, fue el legendario Tamerlán (Timur Lang, "El cojo") quién los reunificó y gobernó, entre 1370 y 1405.

Los mogoles dominaron el imperio musulmán con la excepción de Egipto, Arabia, Siria y los países más al oeste. A comienzos del siglo XIV, aceptaron el islam como religión, con lo que el islamismo alcanzaba, de nuevo, una extraordinaria dimensión. Entre 1325 y 1354, el erudito marroquí, Ibn Battuta, pudo recorrer ciento veinte mil kilómetros por el mundo islámico, desde Tánger y Tombuctú, hasta China y Sumatra.

Los mogoles se habían calmado y consiguieron dar un nuevo impulso a la cultura de los pueblos bajo su dominio. La cultura persa experimentó tal desarrollo y expansión que llegó a convertirse en la cultura dominante el mundo islámico oriental.

Turcos, persas y mogoles sentaron las bases de tres grandes imperios, los imperios SAFAVIDA, MOGOL y OTOMANO que, asentados sobre los países islámicos centrales, dominarían el primer periodo de la Edad Moderna. En el siglo XVI, el poder musulmán alcanzó su cota de mayor esplendor, y la anterior pérdida de Sicilia y España apenas significaba algo para él. Los tres imperios tenían la visión de imperio universal, creado por los mogoles sobre las instituciones política de Tamerlán. El descubrimiento de la pólvora, en 1450, les había hecho imbatibles en sus campañas guerreras.

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Algunas de las joyas arquitectónicas del Islam
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Mezquita del Príncipe, Estambul. Mezquita y madrasas de Samarcanda. Mezquita de Damasco
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Taj Mahal, India - Mezquita de Ispahan - Cupula de la Roca, Jerusalén  - Mezquitas Azul y de Soleiman, Estambul.
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Fortaleza mogola de Agra - Mezquita del Rey Faisal, en Islamabad (Pakistán) que fue financiada por
el Rey Faisal de Arabia, en 1966. Se le ha anexionado la Universidad Internacional Islámica (1982).
Es un símbolo de la modernización arquitectónica del islám
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El Imperio Safavida

Los safavidas establecieron su gobierno en Irán. Con Shah Abbas, "El Grande" (1588 - 1629) conocieron su máximo poder. Poder establecido sobre el chiismo docita, la secta más importante. Era un estado teocrático y los shahs safavidas pretendieron, durante siglos, ser reencarnaciones del duodécimo imán, Muhammed al Muntzar, que había desaparecido en un pozo, allá por el año 873, y cuyo regreso se aguardaba. A los imanes descendientes de Alí, hermano del Profeta, se les atribuía la capacidad de conocer las claves para entender los mensajes secretos de Alá, recogidos en El Corán.

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Sultán Safavida en una cacería - Zoco de Bujará, en el reino de los uzbekos, "Cúpula de los orfebres"
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Shah Abbas estableció la capital en la ciudad de Ispahán, sobre la meseta central iraní. La convirtió en una de la ciudades más bellas del mundo, contaba con un millón de habitantes y con unas 162 mezquitas y 273 baños públicos. Fue un grandioso centro comercial con una avenida de 4 kilómetros, bordeada de jardines y palacios. Allí estaba el gran bazar sobre una superficie de 30 kilómetros cuadrados "la pieza más grandiosa, en honor del comercio de la que el mundo puede jactarse". Robert Byron decía, en 1934, "la belleza de Ispahán nos arrebata sin darnos cuenta".

El imperio Mogol
(Ver mapa)
Se asentó sobre el continente habitado por los hindúes. Babur (1483 -1530) fue su fundador. Descendía de Gengis Khan y de Tamerlán. Aunque murió joven, asentó su reino sobre Afganistán y estableció la capital en Kabul. Sus sucesores ampliaron aquel incipiente imperio que, con Awrangzeb (1658 -1707) alcanzó su máxima dimensión, ocupando los territorios al sudeste de la cordillera del Himalaya, desde Afganistán hasta el golfo de Bengala.

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Jardines del Taj Mahal - Akbar en batalla - Mezquita de Agra (India)
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Durante el reinado de Akbar (1556) y hasta el de Awrangzeb, los mogoles toleraron la religión hindú y tomaron medidas para evitar las ofensas a otros modelos de fe. Se cambió el calendario lunar islámico por el solar y se prohibió a los musulmanes que degollasen y comiesen las vacas sagradas de los hindúes. Igualmente se suprimió la esclavitud y la pena de muerte decretada para la apostasía. También se opusieron a la costumbre de las castas superiores hindúes de quemar a la viudas junto al marido difunto.

Awrangzeb, se fue alejando del ecléctico modo de gobierno de sus antecesores. Se arremetió contra los templos hindúes, destrozándolos; se impusieron impedimentos a las prácticas religiosas no musulmanas, se reimplantó el calendario lunar, y se desarrolló la corriente mujahididi que se extendería por la India y por el resto del mundo islámico. Esta corriente, "renovadora de los segundos dos mil años del islam", fue una fuente de extraordinaria vitalidad frente a la violenta embestida europea.

Aunque el persa era la lengua de la corte, fue cobrando importancia el nuevo lenguaje urdu, un dialecto septentrional de la India, influido por modismos persas, pero con gramática propia. Era una lengua llena de expresividad que se convirtió en la favorita de la civilización indoislámica.

El Imperio Otomano

Fue el más poderoso los tres imperios y el que tuvo mayor vida. La gran expansión comenzó con Mehmet II Fatih "El conquistador" (1451 - 1481), que fue el soberano más importante de los otomanos. Entre sus numerosas azañas figura la conquista de Constatinopla, en 1453. Esto le convirtió en el dirigente del mundo islámico más famoso. Rebautizó la ciudad como Estambul y estableció allí la capital de su imperio. El se veía como "ghazi de los musulmanes, kan de los turcos y emperador de los cristianos". Tras la victoria de Bizancio, amplió el imperio conquistando Serbia, el Peloponeso y Bosnia, y se extendió también hacia Oriente. En 1480, llegó al sur de Italia y avanzó hacia Roma con la intención de eliminar la soberanía del papa, pero el dios de los cristianos consintió su muerte, en 1481, ante semejante amenaza a su representante en la Tierra.

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Palacio museo Topkapi construido en 1435 por Mehmet II - Cámara nupcial de su harén en el palacio.
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A partir de 1500, debido a su enorme fortaleza militar y tras múltiples batallas, el Imperio Otomano se convirtió (ver mapa),  en el que fue uno de los imperios más poderosos del mundo, aunque le correspondió gobernar sobre gran número de pueblos cuya tradición no era musulmana. Los territorios otomanos, en 1512, bajo el reinado de Selim I (1512 - 1520), se extendían por Anatolia, Grecia, Bulgaria, Crimea y dominaba el Mar Negro. El sultán Selim I "el Estricto" fue uno de los mejores soberanos otomanos. Con gran dureza consolidó su poder en el interior. En 1514, conquistaba Azerbayán. A continuación, Siria, Palestina y Egipto (1517) y llegó a conquistar la zona arábiga de Medina y La Meca, cunas del Profeta y gran parte del norte africano, con lo que dobló el imperio otomano, convirtiéndose en el califa de los sultanes otomanos.
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Selim I "el Estricto" - Soleimán II "el Magnífico" - Batalla de Mohacs (Hungría) - Interior de la Mezquita de Damasco en Siria.
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Con Solimán II "El Magnífico" (1520 - 1566) se hicieron con el Yemen e Irak y completaron el dominio de Africa de Tánger a Túnez, para tortura de Carlos V y Felipe II y de toda la cristiandad mediterránea y sus numerosos cautivos, como Miguel de Cervantes, el papá de Don Alonso Quijano, para los amigos "El Quijote". También conquistaron Belgrado (1521) y sometieron gran parte de Hungría en la batalla de Mohacs (1526), de modo que, en 1540, la "Media Luna" se extendía por Europa (ver mapa) desde Trieste a hasta Viena y, por el este, hasta Crimea. El asedio a Viena, la capital de los Habsburgo, fue levantado, en 1529, cuando la ciudad estaba a punto de capitular, pues el ejército musulmán deseaba volver a casa ante la aproximación del invierno, "volver a casa por Navidad". El rey Fernando, hermano de Carlos V, suspiró aliviado, pues los refuerzos enviados por el emperador de la Sacro Imperio Romano Germánico, no terminaban de llegar.

La expansión por el arco mediterráneo tuvo como protagonista a Jayral - Din, Barbarroja, cuyos comienzos como pirata, en 1502, con base en Túnez, le condujeron a convertirse el flamante y temido almirante de la flota Otomana que controlaba el Mediterráneo Oriental y cuyas correrías por el Occidental sacaba de quicio a los reinos cristianos.

Las instituciones otomanas alcanzaron su madurez con Solimán "El Magnífico". Para formar parte de la clase militar gobernante, había que ser musulmán de corazón y leal al sultán, el resto pertenecía a las clases sometidas. Los otomanos comenzaron hacer uso de la artillería de asedio durante el siglo XV y a principios del XVI ya utilizaban la de campaña, Fue el húngaro, llamado Urban, quién fundió los cañones empleados durante la toma de Constantinopla, en 1453.

Los jenízaros, una fuerza militar formada por 30.000 hombres bien pertrechados, era el cuerpo de elite del ejército del sultán. Una figura, cuyo poder se vio progresivamente limitado por una creciente y compleja burocracia administrativa, tumba final de toda organización eficaz que, histórica y endogámicamente, suele realimentarse sin freno posible, como funesto presagio de desastres futuros. Pero aquello funcionó, durante algún tiempo, con eficacia, a la par que los sultanes, desde finales del siglo XVI, iban recluyéndose en sus palacios, dedicados a satisfacer sus crecientes inclinaciones hedonistas, entre los placeres y delicias del harén.

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Estambul.- Iglesia de Santa Sofía (535) y Mezquita de Soleimán (1557) (dcha)
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Interior islamizado de Santa Sofía del que fueron borrados los símbolos cristianos del Imperio Bizantino.
Exterior de las mezquitas de Soleimán (Estambul) y Selimiye (Edirne) del arquitecto Sinán (1491 -1588).
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La creación más significativa de la cultura otomana fue la literatura científica en prosa. Se produjeron obras notables de matemáticas, astronomía, medicina y florecieron los libros de geografía, historia y viajes. El siglo XVI fue un periodo de grandes realizaciones arquitectónicas que, esencialmente, fueron dirigidas por Mimar Sinán (1491 - 1588) el arquitecto real, cuya pasión por superar la cúpula abovedada de Santa Sofía (532-537), basílica de tiempos del emperador Justiniano I, construida por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, en Constantinopla, le llevó a construir varias mezquitas con grandes bóvedas, aunque no conseguía alcanzar las dimensiones de Santa Sofía. Así nacieron de su arte las mezquitas de Estambul, "Shehzade" (1548) y "Suleimaniye" (Solimán)(1557), en cuyos jardines un magno panteón encierra los restos del décimo rey otomano y los de su esposa. Finalmente, Sinán, alcanzó su sueño a la edad de ochenta años con la construcción de la mezquita de Selimiye (1578), en Edirne (Adrianópolis), "Hice la cúpula de la mezquita seis codos más ancha y cuatro codos más alta que la cúpula de Santa Sofía". Por fin, una realización musulmana conseguía superar el tamaño de un bellísimo símbolo del cristianismo bizantino, realizado mil años antes.
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Segunda parte:
El islam (II) - Decadencia y Reforma del Islam
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