Los parajes de Charo
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(Más abajo, la versión provisional
de A&D de los textos a lápiz incluidos en el cuadro-collage, sobre
La Granja de San Ildefonso, de la exposición colectiva en Canónigos (Julio
06). Dificultad al interpretarlos y establecer el orden en que fueron
redactados).
Introibo
El cuadro
El cuadro está compuesto por tres largas franjas de papel con dibujos a lápiz: La franja inferior, es un boceto de una vista parcial, desde su estudio, de los tejados y edificaciones del pueblo de La Granja de San Ildefonso; la intermedia, es un dibujo más elaborado del mismo tema, y la franja superior, el dibujo ya terminado con trazos rotundos. Cubriendo estas tres franjas, colocó otras tres franjas de papel translúcido. Las dos superiores contienen un trazado a lápiz de las principales calles del pueblo, del Palacio Real y de sus jardines. La franja inferior, sobre el primer boceto, contiene los textos transcritos más abajo. Todas las piezas de papel van sujetas a un tablero mediante 19 pinzas de colgar la ropa, "La Granja cogida con pinzas". Sobre la parte superior del cuadro, un pequeño tendedero. Mediante finos sedales de diferentes longitudes, apenas perceptibles, colgaban copias de fotografías recortadas sobre acetatos de algunos de los personajes más peculiares o populares de la vida cotidiana del pueblo. Con esto la "tribu local" parece flotar-pulular, en primer plano, sobre un hábitat desenfocado o difuso. Con esto, cobran especial protagonismo. Vibran y se balancean con fragilidad por la ligera presión del aire, levemente desplazado por el paso de los visitantes de la exposición o por el simple aliento de los que observaban el cuadro. La composición de la obra permitía que los dibujos del pueblo quedaran difuminados al fondo detrás del papel translúcido y que los personajes, como en una representación teatral, se conviertan en centro de atención sobre un escenario difuso que, con generosidad, les cede importancia. Una interpretación muy acertada de la realidad superficial de La Granja que Charo, consciente o inconscientemente y con escasos recursos, trata de resaltar y sintetizar en este meticuloso trabajo. Con la incorporación al conjunto de los textos sobre sus recuerdos de una infancia y una juventud muy atentas a los detalles y a las personas de su entorno, durante de sus breves o largas estancias en La Granja, imprime nuevos aires de vida en una naturaleza muerta y decadente (o decaída). Un lugar de España cuya existencia, de casi tres siglos, se debe a la presencia entre espléndidos pinares y jardines del magnífico palacio construido (1723) por Felipe V, el primer Borbón español, y a la historia de esta dinastía que, en nuestro país, comenzó en el año 1700 y todavía no ha finalizado.
A&D Agosto 2006
(Algunas fotos y algo de historia sobre el Real Sitio pueden verse en las páginas de A&D http://www.diomedes.com/Farinelli.html y http://www.diomedes.com/Corella.htm )).
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Los parajes de Charo
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“Estos son algunos parajes de mi memoria
vinculada a La Granja. A veces solo palabras aisladas códigos íntimos,
emociones. Un ejercicio que me ha llevado a las sonrisas y a las lágrimas
que asoman a los ojos, tímidas, meciéndose en los párpados”.
Los incendios en el pinar en verano –
la campana de la iglesia para que todos acudan a apagar el fuego – arde
Infantes – la campanas tocan a muerto, ¿mujer u hombre? – la misa de las diez – Semana Santa, las cruces. Aurelio
que sale, le reconocemos por los pies, está lloviendo – los lápices, el
papel nuevo, los dibujos, el concurso en los jardines. Que te tiren al agua
en la Carrera de caballos. Las siete calles, jugar a la Abeja Maya y a
Mazinguer Z y al coche fantástico después de comer. Las sábanas gruesas
de flores – la luz de la estufa – la bici color miel – las pipas, y al
brasero las cortezas de jamón. Subir a caballo a Peña Buitrera, cabalgar
en la pradera de la Cruz de la Gallega – la calzada romana, el río Peces,
la Chorranca, la Silla del Rey – otoño naranja amarillo húmedo, olor a setas
– la boda – las bodas en el Lago – dentro del campanario de la iglesia, las
escaleras - escalera del diablo – el laberinto y perder a los chicos – los
corzos en los jardines saltando la puerta de atrás- el jabalí de Julián
– la cena en la yeguada – el pantalón verde, el rizador de pelo – llorar
porque se casaba – la cocina de leña – el cordero en Nochebuena, los langostinos,
el garaje hermético – el gato que le traje a Olga- la bañera – hacer pis
detrás de los coches- tumbarse en la pradera del hospital- subir al esquinazo
– los bocadillos de chorizo con queso. Subir a las calderas, a la negra con
los chicos, las vacas, las víboras, la piedra grande roja del camino en la
que nos hicimos la foto, el agua helada, el guindo y arriba las rocas y las
bañeras, el cuerpo desnudo y el sol – subir al mar, el agua sabor a hierro
- banco del Gurugú, los primeros apretujones – la piscifactoría. Franco pescando,
el coche atravesando los jardines, los peces preparados. Saltar con los amigos
la tapia del Chato al amanecer tumbados en la arena, el árbol el adagio de
Albinoni- los baños de Diana iluminados – saltar con A. la tapia del Chato,
las piernas morenas. La casa de Olga. Manuela, Juan padres adoptivos fiesta
de ochenta años. Teckel tila, Rantamplán siguiéndonos a Canónigos- el Chorro,
subir con cuidado, otros chicos resbalaron y cayeron- el chulo- los pantalones
cortos, los disfraces, el bigote y el casco- el cine de verano – La sirenita
, la manta y tumbarse en el gorrón del patio a ver la peli y las estrellas
fugaces. Los dragones de la ermita, el ángel negro, el barde Cuca. Cañas
con los de Segovia. Bajar por el pajizo a casa de la tía Nati, las flores
de Alvarito. El puesto de fruta de la calle de la Reina, exhibición de colores-
la manzana roja. La mañana que nos metimos en infantes para darnos besos.
La peñas de la Gorinera y los bancos de madera
a los costados, las miradas, las frambuesas rojas moradas, azules, verdes.
Las moras rojas, negras. Las espinas, los cestos llenos. La mermelada que
se rompe en la boca. El escondite inglés. El concierto de Serrat al que me
llevó Susi cuando tenía 15 años con los telerines
en e patio de la Herradura, las sillas de madera, la emoción de salir con
los mayores, la música fue, aun suena en mi cabeza, la guitarra, la noche,
el frío. En la calle Lérberos también vivía Paloma
de la que luego me hice amiga y de ahí Ester y odas las amigas de Madrid.
El día que no llevaban llave y trepó Foel por la pared para entrar en la
casa y abrir por dentro: comieron guisantes con jamón. Cuando Foel y Silo
vinieron a casa y no había nada de bebidas alcohólicas, entonces exprimieron
el alcohol de las toallitas limpiadoras de bebé. La noche que nos quedamos
atrapados en barro, en Robledo, no podíamos salir, usamos los libros como
cuñas para las ruedas del coche. Las piscifiestas en la piscina municipal
cuando estaban el primo José y Marco – arreglándonos en el baño – el vestido
amarillo con flores. Los baños nocturnos, las luces de colores, la música,
la piscina durante el día y los chicos, los moscones, el agua helada, los
ojos del color del agua. Félix el socorrista cuando mamá nos llevó a Madrid
por que el primo Carlos le contó que bajaba a Segovia haciendo dedo llevándome
a mi hermana. La leche de pantera en la berza y los bancos a los lados donde
nos subíamos a bailar. La sangría que preparamos en un barril en los Culpes:
el olor nauseabundo del vino malo. Las botellas de cava barato que nos atizábamos
en el Cubanito, el primer lugar de la noche, la época del tequila. El verano
del mojito cuando Paloma traía hierba buena guardada en el bolso. Las camisetas
en los San Fermines. Las competiciones de tequila.
La cabeza asomando por la ventanilla del coche, subir en moto hasta el
puerto.
El pregonero que siempre nos buscaba
casa para alquilar en la casa de los lecheros, había que pasar la habitación
de los padres para llegar a la habitación que compartía con Chiqui. Siempre
tratábamos de no hacer ruido para no despertarles cuando llegábamos tarde
en la noche, más allá de lo permitido. Yo nunca lo conseguía y me daba siempre
con las bicicletas del pasillo o con las puertas. En un tiempo compartí casa
con uso tíos y primos Mª José y Fernando. Lo americanos de la casona, Jerry
que aun sigue atrapado en este pueblo, el guapo que luego se casó con una
chica de Segovia. La pastelería de la tía Nati, donde trabajé algún verano
– les pinté los pasteles de la fachada- del cartel Alguna que otra resaca
malísima pasé detrás de aquella barra. Sé que Susi estaba cabreada pero
nunca me dijo nada. El olor dulce, el merengue. Y antes en la Casina donde
a veces veníamos en verano, casa oscura y húmeda. Un año vino Pili que aun
se hacía pis en la cama.
El primo Sexine, al que la tía Nines
enviaba todos los agostos desde París en tren. El año que le disfrazamos
de angelito, solo años después me confesó la tortura que supuso para él aquel
disfraz. Sus rizos, mamá le cortaba el pelo y yo pasaba mis dedos por su
espeso cabello rizado y sentía cosquillas en el estómago.
Los boletos cortados en laminitas recién
cortados con la navaja pequeña, la carne dura e intensa. La emoción del
primer boleto de la temporada, la risa. La competición quién coge más
y contarlo después a los amigos – meter los boletos en las alforjas y ya
no nos caben más, los guardo en los bolsillos de la chaqueta- los níscalos
llenos de gusanos- los níscalos naranjas que tiñe los dedos bajo los pinos-el
tío Colín nos llevaba a coger níscalos en otoño con todos los tíos cada uno
con su bolsa, luego van a la cazuela con patatas.
El olor a pan todas las mañanas, de desayuno
media barra de pan caliente con mantequilla y mermelada. Cuando traían
la leche fresca en los cántaros – bidones metálicos plateados – la lechera
la vendía por litros blancos espesos. La tía Nati la hervía. El olor,
el sabor de la leche – el olor del jabón Heno de Pravia que la tía tenía
siempre en casa. La foto de la tía Nati en el cuartito de estar, de cuando
era joven, tan guapa, en blanco y negro. La cera líquida sobre el cenicero
metálico con la cara de algún rey. Cuando el primo Carlos se quedaba cuidándonos.
La farola del centro de la plaza de los Dolores, nos escondíamos de los
pesados que nos perseguían. La feria, a la góndola subimos todas y nos ponemos
en la última fila que marea más, si no en el centro de pie y tratar de
aguantar sin caerse. El primer beso en serio – en la góndola – A. S., las
fotos que me envió, las cartas , el primer amor, el primer regalo, un tapón
de colonia Nenuco que escondía un corazón rojo – está guardado aun en un
cajón. Cuando salía con mi prima Mª José e íbamos a la Resaca, una época
divertida, llena de amigos y juerga hasta las mil de la mañana – el billar
– el inglés- el gallo – Julián – Boti. Los días de rodaje de Los Tres Mosqueteros.
Las fotos que nos hicimos con York Oliver Reed y Michael Cork, Boti pequeño
que me quería llevar al restaurante donde comían los actores – los juegos
en plaza de la tía Nati, los chicos, la niña que me arañó la cara y me
hizo sangrar, aun tengo su marca en mi cara.
La casa de la calle lecheros, donde venían
J. y los de Noles a cantar bajo a ventana, a rondar- nos asomábamos –
nos reímos – los primeros amores – los bailes en la plaza de los Dolores
en fiestas – quedamos en las cabinas – Lo toros de fuego, ¡corre Chiqui
dame la mano vamos juntas a correr el toro! me quemo el jersey, ¿te acuerdas
de la pulsera con piedras turquesa?.
(llegados
a este punto esto se lía de miedo con dibujitos de los distintos lugares
del pueblo donde ocurrió algo. Aprovecha un esbozo de la ruta desde las
siete revueltas a La Granja y de otros senderos o pistas de los pinares
de Valsaín)
Majada hambrienta (¿) los indios, el prado el manantial, la luz el sol,
el frío, meto mi cabeza en el agua.
A veces bajaba a dedo a Segovia y llevabamos
a mi hermana. Aquí cogíamos el bus para bajar a Segovia de noche Oky,
bar flor…,
El campo de Polo y los saltos de los
obstáculos, siempre las apuestas de rigor, los caballos los camiones, el
atardecer.
Aquí estaba la Estrella Roja; me regalaron
una camiseta. Mi primo J era de la Estrella Roja, - el primo mayor guapo,
grande e inaccesible. S y el primo C nos traían bichos que no enseñaban:
pájaros, culebras, lagartijas.
Bajamos a casa de la tía N con la prima
S que nos iba cantando canciones e íbamos jugando por toda la calle.
En este camino había muchos escarabajos
voladores, negros y verdes – que asco.
Aquí vendíamos caracoles al tío de N
en Villa Huevos.
Este es el prado Palomo donde veníamos
a jugar con N, A, M, las ortigas, las cocinitas. Ensayábamos bailes en
casa de la tía D y se los representábamos a los padres y tíos las noches
de agosto Cazábamos murciélagos lanzando los jerséis al aire cuando pasaban
volando. El árbol del Prado Palomo, enorme, el viento se mecía en sus
ramas y nos daba su sombra. La cháchara. El día que murió tío Colín sentí
mucha pena. Le enterramos aquí. Antes solo había estado en el cementerio
cuando íbamos por la noche con los de Valsaín a contar cuentos de miedo.
Nos quedábamos en la puerta, nunca entré. Recuerdo las cruces del camino
cruces de piedra, recias, al fondo la Atalaya verde
, amarilla, abierta.
Aquí cogíamos caracoles para luego venderlos
en Villahuevos. La pradera del Hospital, bajamos con el primo Sekine,
la judiada, el palio (¿), el vino, los manteles
a cuadros, la partida, la bolsa de la compra de rayas de mamá – los tíos.
Las fiestas en casa de los S a los 14
años, en la casita del Jardín Nords Dorit- Come easy to me… los bailes
agarrados, los primeros castos besos, el Poirlleo (¿?), el camino a casa
de A. Las fiestas en el Tiro en el mes de agosto. La piel morena, el pelo
castaño, los ojos radiantes. El agua que papá recogía en la Fuente del
Cochero, con sus pantalones cortos y sus zapatillas .azules de tela.
En esta plaza vive mi tía N. Aquí veníamos
mucho y jugábamos con los vecinos niños.
Mi tío C tenía un
Mercedes y luego otro coche con una perrera donde nos metíamos
todos los primos. Lo mejor del mundo. A veces tenía que compartir cama
con mi primo C cuando nos juntábamos muchos en casa. Nochebuena y Nochevieja
la pasábamos con los tíos – el frío – la misa del gallo – el coro – prima
S y sus amigas en el coro, miraba hacia arriba, detrás, para poder verlas
cantar.
Las fiestas: me acuerdo que la nieve que llegaba a la altura
de las cabezas, Blondi que venía corriendo hacia mi.
Aquí hacíamos las capiriñas con los de
verano de Valsaín: N, M, M, y los hermanos. P subida en la mesa de madera,
nos reímos mucho. Los asientos y la Boca de Asno. Ibamos con los tíos
y los primos a comer en verano: el Simca 1200, la sandía en el agua del
río para mantenerla fría, el bañador, el olor a pino, los árboles cortados,
el sol,el mantel en el suelo, cogíamos piñas
y le sacábamos los piñones - las manos repletas
de olor a resina.
Fuente de los geólogos, papá tenía que
parar a coger agua – en verano se calentaba mucho el coche – la garrafa
blanca.
Las siete revueltas, el preámbulo de
la libertad o del encierro, según el sentido de la marcha. L G siempre era
motivo de excitación. Papá bajaba despacio, siempre se echaban cuentos sobre
aquel que había perdido los frenos en la bajada. Mamá que se marea – siempre
tenemos que parar en la fuente del puente de la Cantina para que se le pase.
Que rollo, porque nos retrasa la llegada. La entrada de Robles de la Granja,
que emoción en el estómago y en el corazón.
(será
otro recorrido de llegada por la general Madrid - Segovia) La
carretera de Riofrío, el salto en el estómago en Robledo y de pronto las montañas se abren a mí, ¡¡De nuevo en
la Granja!!.
El primo C y sus amigos que cogían frambuesa
en la casa de los perros – la penive (¿) f
vivía en la plaza de la tía N – nos traían frambuesas rojas, moradas sabrosas
ácidas.
La piragua con Juan y Salva, los brazos
cansados, las risas al sol, el agua, los peces, las culebras de agua,
la arena, el barro, el bronceador se pega en la piel y me quemo. Nos reímos.
Vamos a la piedra grande bajo el árbol aunque haya muchas lagartijas,
mi bufanda, mis guantes, mi gorro con borla, el abrigo azul, las botas
de plástico y la nieve, un camino para los vecinos, pero la nieve tapa los
garajes, y Blondi en el garaje.
El tío Colín que me mordía los mofletes
con esos dientes enormes que tenía y se reía mucho – mi cara roja. Las
fiebres que Susi cogió en Marruecos cuando fue de excursión con el colegio.
Mi ataque de apendicitis – mamá corriendo por el pasillo – al médico rápido
a Madrid, peritonitis a los cinco años. Casi me muero. Las migas que
preparaba la tía Nati para todos los tíos y primos. El sabor cálido y
familiar del ajo y las migas mezcladas con leche con la cuchara.
La yeguada donde aprendí a montar, la
vitalidad, la libertad, el trabajo en la pista, el olor de los caballos,
el cepillo, las cuadras, la montura, las botas el aroma de la grasa, de
los cueros, los guantes, las espuelas, el día que se cayó Alberto, llamamos
a la guardia civil, el llanto, la sangre, la carne desgarrada, el Hospital.
La ayuda de Antonio, la ternura de Jorge. Las clases, las filas de niños,
los niños dibujando caballos. Coger a Micky que hoy está enfermo y apoya
la cabeza en mi vientre, señal de su mal estado, me busca, me sigue, come
zanahorias de mis manos, el azúcar – su capa roja alazán pequeño – rodeo
su cuello con mis brazos. El día que subimos a Peña Citrera (¿) hacia Dos
Hermanas, seguimos toda la cuerda y en Peñalara tuvimos que bajar por los
canchales, estaban cansados y anochecía, los caballos estaban nerviosos,
el sopor en las manos y las piernas, los labios secos, el sol en la cara,
el aire limpio, el sentimiento del caminante sin prisa, el sabor dulce del
manantial, el agua en la cara, las manos los brazos, podría vivir siempre
este mismo momento, sin tiempo, sin pensamiento, solo el aire en mis ojos
cerrados – la M 30 nos lleva al cementerio de Valsaín – el caballo español
de Antonio. Cuando nos perdimos yendo a caballo a Cotos y terminamos en la
vía del tren, la yegua se me echó encima y pasé mucho miedo. Fue un día divertido
al final. El camino de la Fuenfría, la lluvia – la fuente, los fiambres-
Bajar andando la carretera hasta el puente de la Cantina. Paz, Juan, Alberto,
Lorenzo, Paloma, Mati, mi caballo Micky, el más fuerte, el más rápido. Tomar
el sol en el embalse de Valsaín, paseo con Olga y Sol por el camino de Pesquerías.
El verano, la hierba se va secando, pantalón corto, bañador, la toalla,
las confidencias, los amigos, los socios (¿).
Ir a comer a Valsaín, los caballos, el
río, las vacas, los langostinos y el Jamón de las peñas (¿). El encierro a caballo, el parque, el embalse. Las
palomas – Tío Pepe – el baile de la plaza con x (¿),
paloma, Chiqui, Olga…el frío de la noche.
Vamos a tomar el sol al embalse a ver
a los caballos, a bañarnos, el bocadillo. Dar la vuelta al embalse a
caballo, el sol – la piragua de J – el día que encendimos la hoguera
en Santa Cecilia, la noche de San Juan – saltamos la hoguera.
Subimos al Robledo, galopamos. Los caballos
a tope, Alberto lleva a Micky al máximo de su capacidad- las fotos que
nos tomó J, es increíble verle correr.
Charo Higuera (junio 2006)