prisionero del Emperador. Siete meses después se le concedió
la libertad tras ceder algunas plazas italianas y realizar el pago de 300.000
ducados para soldada del ejército. El 5 de Junio de ese año
murió Mercurino Grattinara. Carlos no nombró sustituto y
asumió todo el poder ejecutivo y absoluto.
En 1528, Francisco I lleva a cabo una fuerte ofensiva sobre las posesiones españolas en Italia, hasta Nápoles se ve amenazada por la ambición del francés y la presión de un considerable ejército. Además, la relación de Carlos con Enrique VIII se había debilitado desde caída en desgracia de su tía Catalina, que era la mejor aliada del Emperador en Inglaterra. Para solucionar los problemas con Enrique, Carlos, por medio de su tía Margarita, entabló, con buenos resultados, una campaña de desprestigio del cardenal Wosley, dirigida desde los Países Bajos, pues se le consideraba inductor del divorcio del rey y de las presiones diplomáticas que pesaban sobre sobre Carlos, como protesta por el saco de Roma, la cautividad de los hijos del rey francés y por no haber asumido su compromiso con María Tudor. Pero el sitio francés de Nápoles era lo más grave, pues el ejército de tierra contaba con el apoyo de la escuadra de Andrea Doria en las costas. La situación española llegó a ser desesperada, pero la buena estrella de Carlos brilló de nuevo, pues Andrea Doria cambió de bando y el ejército francés, diezmado por la peste y alejado de sus bases, tuvo que rendirse. La decisión del marino Genovés y el apoyo de los banqueros italianos fue decisiva, desde entonces, para afianzar el poder español en Italia.
Carlos estaba harto de la actuación de Francisco I y le desafió a un duelo entre los dos para cortar las permanentes constantes luchas con Francia, pero Francisco supo evitar el cuerpo a cuerpo e incluso encarceló, por su insistencia, al embajador español en París, e intermediario en el desafío, Nicolás Perrenot Granvela.
El poder imperial se consolidaba en Italia, y el 5 de noviembre de 1929, firmada la paz con el Papa, Carlos hace su entrada triunfal en Bolonia, cortejado por tres mil soldados de los tercios españoles. Clemente VII, con su colegio cardenalicio, le recibe en la plaza de San Petronio. El Emperador le saluda en español y la coronación queda fijada para el 24 de febrero siguiente, aniversario de su nacimiento, siguiendo la tradición vigente, desde tiempos de Carlomagno, de proceder a una segunda coronación en Roma tras la celebrada en Aquisgrán. Durante los cuatro meses que restaban, Carlos recorrió algunos de los estados italianos reforzando su posición y relaciones con sus gobernantes.
En 1531, ante las presiones de su hermano Fernando, decide que éste sea coronado Rey de Romanosen Aquisgrán. A la muerte de su tía Margarita, Gobernadora de los Países Bajos, nombró para este cargo a su hermana María, viuda de Luís II de Hungría; cargo que aceptó María con la condición de no volver a casarse. María gobernó con eficacia 23 años. Estas dos mujeres fueron las de mayor talla política y calidad humana del siglo XVI.
En Alemania el problema religioso se acentuaba. Ocho príncipes protestantes y once ciudades formaron la Liga de Schmalkalda. Clemente VII y Francisco I volvieron a unirse tras concertar el matrimonio de la sobrina del Papa, María de Médicis, y el hijo del rey francés, Enrique. En agosto de 1532, los turcos penetraron en Austria, pero las tropas imperiales, bajo el mando de Fernando I de Austria, obligaron a Solimán a levantar el sitio de Viena. En septiembre, los turcos fueron vencidos en Gratz y se retiraron a sus fronteras. Carlos regresó a España.
LA CAMPAÑA DE ARGEL
En 1541, Carlos decidió, tras el fracaso sistemático de las negociaciones con la Liga de Schmalkalda, actuar por la fuerza contra los protestantes alemanes. Para ello necesitaba la ayuda de los Tercios de Castilla. Pero para convencer a Castilla necesitaba hacer algo que entusiasmara a los castellanos, y decidió acometer una nueva cruzada, la liquidación del poder de Argel en el Mediterráneo y acabar con los saqueos que los corsarios argelinos cometían con harta frecuencia en la costas españolas. Se trataba de efectuar una campaña de imagen ante su paciente y abandonado pueblo. Carlos convocó la reunión en Italia de tropas procedentes de todos los lugares del Imperio, en la ciudad portuaria, La Speccia. Y allí acudieron tropas alemanas, italianas y españolas. Entre los numerosos hidalgos españoles figuró Hernán Cortés, ya afamado conquistador de México.
los Austria españoles, que se mantuvo varios días, desagrupó
las naves, al no poder resguardarse en ningún puerto natural. Aquello
impidió su apoyo de fuego y el abastecimiento de las tropas de tierra.
Además, la lluvia inutilizó los eficaces arcabuces de la infantería,
permitiendo que los ballesteros argelinos causaran estragos tremendos y se
impusieran en la batalla.
Se reunió el Consejo de Guerra y, a pesar de la opinión
en contra de Hernán Cortés, que proponía
poner a salvo al Emperador, pues corría peligro de caer prisionero,
se decidió abandonar el campo de batalla y regresar a España,
para evitar que el desastre pudiera ser mayor. Allí quedaron los cuerpos
de cerca de 4.000 soldados, se sacrificaron los caballos y se abandonaron
las piezas de artillería y las naves utilizables se dedicaron, únicamente,
para embarcar a las tropas. El Emperador conoció su primer gran desastre
guerrero y la pérdida de prestigio en toda Europa, aunque se trató
de minimizar la magnitud de la derrota. Carlos había sido un estorbo,
como, sin mencionarlo, dio a entender Hernán Cortes durante el Consejo
de Guerra. Las Cortes Castellanas reprocharon al emperador su presencia
física en semejantes contiendas, "para eso están los capitanes"-
argumentaron.
"Porque la tristeza que todos estos reinos han tenido de la ausencia
de V.M.,
y mayormente en los días que estuvimos sin saber nada de V.M.,
no se puede saldar ni pagar sino con la presencia de Vuestra Majestad,
que es la que da entero contentamiento
y descanso a todos estos reinos".
Francisco I, aprovechando el descalabro imperial, atacó en varios frentes, pero se consiguió rechazarle. Carlos había conseguido 450 millones de maravedíes de las Cortes Castellanas y había reforzado las relaciones con Portugal mediante la boda de Felipe con María de Portugal y con el compromiso de la princesa Juana con Don Juan Manuel, y estaba preparado para enfrentarse a su eterno adversario. La guerra se desarrolló en varios frentes: el frente vasco navarro que contaba con las magníficas fortificaciones de Fuenterrabía y de Pamplona fue defendido por el Condestable de Castilla. El frente catalán lo fue por el Duque de Alba que se fortificó en Perpignan. El Marqués del Vasto defendió el Milanesado y el Valle del Po. En los Países Bajos, María de Hungría resistió, aunque amplias zonas fueron arrasadas por los franceses que contaron con la ayuda del Duque de Cleves. Fue entonces (1542) cuando Carlos, que esta vez estaría 13 años fuera de España, decidió acudir en ayuda de su hermana María. Antes de partir dejó como regente a Felipe, que ya había cumplido los 16 años, asistido por destacados hombres del Reino.
Tras mantener una entrevista con PauloIII que le ofreció,
sin éxito, comprar el Milanesado por DOS millones de ducados,
atravesó Alemania y ocupó los estados del Duque de Cleves
que no tuvo otra alternativa que suplicar el perdón del Emperador,
gracia que le concedió Carlos y además le casó con su
sobrina, hija de su hermano Fernando, el Rey de Romanos. Al
año siguiente comenzó a preparar la invasión de Francia.
Los príncipes alemanes, alarmados por la alianza franco turca,
no dudaron en apoyar al Emperador en la Dieta de Spira y le proporcionaron
24.000 soldados y 4.000 jinetes. Como contrapartida se proclamó la
paz religiosa en Alemania, decisión que fue recogida con desagrado
por PauloIII.
Los ejércitos del Emperador avanzaron con rapidez sobre París, la población huyó masivamente hacia el norte y Francisco I, con las tropas imperiales a las puertas de la ciudad, pidió árnica. La paz se firmó en Crepy (18.9.44), decidiendo ambas partes a devolver los terrenos conquistados. Carlos vio, al fin, la posibilidad de una colaboración con Francia para celebrar el Concilio de Trento y reducir la influencia creciente del protestantismo alemán. Carlos se instaló en Bruselas junto a su hermana y pasó allí el invierno, forzado por un fuerte ataque de gota que apenas le permitía moverse. Aquel ataque de gota le obligó a moderar su desbordado apetito y a imponerse una rigurosa dieta.
EL CONCILIO DE TRENTO Y LA CAMPAÑA DE MÜLHBERG
Francisco I cumplió su compromiso y apoyó ante Paulo
III la convocatoria, el 3 de diciembre de 1545, del Concilio de Trento,
sínodo muy deseado por Carlos V que incluso había llegado
a amenazar al Papa con la celebración de un concilio únicamente
alemán, para resolver la situación religiosa del Imperio y conseguir
la unidad de la cristiandad, empeñado, como estaba, en reinar no
solo sobre los cuerpos de sus súbditos, sino también sobre
sus almas.
Entre tanto, fracasados los intentos de apaciguar a los príncipes luteranos en las dietas de Worms y de Rattisbona, de acuerdo con el Papa y con sus príncipes leales, se preparó en secreto para la guerra contra la Liga de Schmalkalda. Recabó dinero y tropas de todas partes. Pidió prestado a los nobles más poderosos de España: los duques de Medina Sidonia, Alba, Bejar, Conde de Benavente, los arzobispos de Toledo, Sevilla y Santiago, también sangró a ricos comerciantes y otros ricachones de aquel entonces, que azuzados por el servicial Francisco de los Cobos no opusieron excesiva resistencia. Los nobles, indudablemente, trasladaron las nuevas cargas a sus correspondientes y ya esquilmados súbditos. Estos préstamos sumaron 300.000 ducados para la nueva cruzada imperial. Carlos situó al Duque de Alba al frente de un ejército de 60.000 hombres de los que 10.000 fueron españoles, reclutados de los campos de Castilla. El ejército protestante era superior en número, unos 90.000 soldados. (Entre los dos ejércitos hubieran ocupado, con estrecheces, las gradas del Estadio Santiago Bernabeu y alrededores del Real Madrid, los caballos y la artillería, la yerba).