El 21 de enero de 1521, el Emperador abrió las sesiones de la Dieta
Worms, donde se iban a discutir los principales problemas del Imperio.
El gran problema era la creciente propagación del luteranismo entre
los príncipes alemanes. Carlos había adquirido con el papa
León X el compromiso de reprimir la doctrina de Lutero,
plasmada en sus famosas 95 tesis, en su día, fueron colgadas
en la puerta Iglesia del Castillo. Se convocó a Lutero el 14.2.1521
y expuso la defensa de sus tesis, pero Carlos no quedó convencido
por las radicales e irrenunciables ideas sobre la reforma de la Iglesia propuesta
por el disidente. El 8 de mayo se aprobó el edicto contra el luteranismo,
edicto que produjo, además de la división de los príncipes
alemanes, continuos enfrentamientos sangrientos. Para mayores males, sobre
Worms se cernió una epidemia que acabó con la
vida de buena parte de los consejeros del Emperador. Entre ellos falleció
Marliano de Chièvres, lo que supuso el ascenso a un primer
plano de Mercurino Grattinara, como nuevo Canciller. Su influencia
sobre Carlos le indujo a reforzar el concepto de universalidad de su gobierno
sobre todos los estados del Imperio, contraponiendo esta idea al ideal de
independencia de las nacionalidades del oeste europeo y sembrando las semillas
de una Comunidad Europea. Una unión política y religiosa
en la que Carlos habría de emplear, con escaso éxito, todo
su ímpetu y, en ruinosa cuantía, los recursos económicos
y humanos de sus reinos españoles, esencialmente, los de la Corona
de Castilla.
Pero no todo fueron, en la ciudad del Rhin, obligaciones de estado. Carlos
mantuvo apasionadas relaciones con una joven, Juana
Van der Gheynst, hija de un tapicero de Audenarde, villa en donde Carlos
había reunido a la Orden del Toisón de Oro. Fruto de aquella
relación fue Margarita de Parma, Gobernadora de los Países
Bajos durante el reinado de Felipe II. La niña fue tutelada por Margarita
de Saboya y a ese afecto y educación debió su posterior encumbramiento.
No corrió igual suerte otra hija natural del emperador, Juana,
nacida en 1522, por la relación amorosa con una joven del entorno
del conde de Nassau. La niña murió a los dos años
de edad en un convento de Madrigal de las Altas Torres, donde había
sido alojada junto con la madre, bajo la tutela de la madre abadesa, doña
María de Aragón, hija natural, a su vez, de Fernando
el Católico. Una cuarta hija natural, Tadea,
también nacida en 1522, hija de Ursolina della Pena, todavía
vivía en Roma en 1562. Está claro que Carlos tuvo unos agradables
y fogosos 21 añitos. Como es sabido Juan de Austria (1545-1578)
nació vinticuatro años después, en 1545, fruto de la
relación con Bárbara de Blomberg. En total los hijos naturales,
conocidos, fueron cinco, ninguno de ellos nació durante su matrimonio
con Isabel de Portugal, con la que tuvo otros cinco, de los que sobrevivieron:
Felipe (n.1527), María (n.1528) y Juana (n.1535).
Castilla constituyó la base económica esencial de su gobierno, junto con las riquezas y el oro procedente de las posesiones americanas que, en su mayor cuantía, fueron enterradas en innumerables batallas y en los bolsillos de los banqueros europeos. Está claro que aquel Imperio digirió, no sin satisfacción y asombro, nuestro patrimonio y el de las Indias Occidentales. En la administración de la hacienda española y en la recaudación de las, nunca suficientes, cantidades de dinero, Carlos contó con la estimable y eficaz colaboración de Francisco de los Cobos, hábil funcionario con Fernando el Católico y oriundo de Ubeda que disfrutó, durante toda su vida, con la confianza y "agradecimiento" del Señor de Chièvres y del rey-emperador. Carlos gastaba incansablemente y Francisco proveía fondos desde España. Este hombre llegó a ser Secretario del Consejo de Hacienda, Comendador Mayor de León y Adelantado de Cazorla. Se enriqueció de forma asombrosa y fue el gran propietario y mecenas de la ciudad que le vio nacer. Por sus manos pasaron, tanto la recaudación española, como las crecientes riquezas procedentes de América y el reparto de innumerables cargos, títulos y otras rentables prebendas que los beneficiarios se cuidaban de "agradecer" al eminente personaje. (Ver Iglesia del Salvador construida con los dineros de Don Francisco y el Palacio de las Cadenas, hoy Ayuntamiento, antigua residencia de Juan Vázquez de Molina, uno de los hombres de Francisco de los Cobos).
El turco, el luteranismo y Francisco I fueron
los principales quebraderos de cabeza de Carlos. Francisco era ardiente
e impetuoso, indiferente al peligro y ávido de gloria, practicaba
todos los ejercicios corporales e intelectuales. Alto, vigoroso, de hermoso
rostro y atractiva sonrisa, era el prototipo del caballero cortés
y valiente. Bajo su reinado se construyeron grandes y hermosos palacios,
impulsó la literatura, dando lugar al nacimiento de grandes escritores,
como Rebeláis y Montaigne. Murió contagiado de
sífilis por su amante "La Bella Ferroniere", como
consecuencia de la patética venganza del despechado marido. El
caballero Le Ferron no descansó hasta ser contagiado por las prostitutas
que frecuentaba, a su vez contagió a la Ferroniere y, de esa curiosa
manera, se cargó al rey de Francia.
Después de la muerte de Adriano VI, su sucesor, Clemente VII, retiró el apoyo papal al Emperador. Carlos escaso, como siempre, de recursos para sostener la guerra, decidió casarse con la infanta Isabel de Portugal, nieta de los Reyes Católicos y fruto del matrimonio de su hija Isabel (fallecida en el 1500) con Manuel el Afortunado. Isabel era la mejor dote de su época, pues Portugal, por sus posesiones en Africa y en las Indias Orientales fue, por aquellos tiempos, la nación más rica de Europa.
A partir de entonces, Carlos se vio con Francisco en varias ocasiones. Alguna de ellas en presencia de su hermana Leonor y de Germana de Foix.Carlos, que desconfiaba y con razón, permitió su libertad a cambio de tomar como rehenes a los dos hijos del rey. Francisco cruzó el Bidasoa por Fuenterrabía en marzo de 1526. Una vez en libertad, no habría de respetar los acuerdos, salvo en lo relativo a su boda con Leonor. Se unió a la Liga contra España y alentó a Solimán el Magnífico a que atacara los estados orientales del Imperio.
Carlos se había casado a principios
de 1526 con Isabel de Portugal. La dote fue de 900.000 doblas de
oro castellanas de 365 maravedíes la dobla. Los días más
felices de su vida fueron los de su luna de miel en Sevilla y en Granada.
Además, el Emperador llenaba con este matrimonio sus "arcas de guerra"
para costear en parte las campañas que le aguardaban.
Isabel era una mujer muy bella y de talento que, asesorada por su esposo, fue regente de España durante las largas ausencia del rey. De sus trece años de matrimonio, seis los paso sola. El 21 de mayo de 1527, nació Felipe y en 1528 la infanta María, que se casaría con el Emperador Maximiliano II, una de cuyas hijas, María de Austria, fue la cuarta y última esposa de Felipe II. En 1535, tuvieron a Juana que estuvo casada con el rey Sebastián de Portugal, del que enviudó, estando embarazada, por su muerte durante la batalla de Alcazalquivir, en Africa. Este matrimonio fue el que propiciaría la futura anexión de Portugal por Felipe II. En 1539,Isabel muere en Toledo el 1 de mayo de 1539, tras un parto prematuro en el que el niño nació muerto (dos de los hijos de Carlos e Isabel, Juan y Fernando, fallecieron al poco de nacer). Su belleza y encanto personal habían cautivado a muchos cortesanos. Entre ellos, a Francisco de Borja, duque de Gandía que, después de contemplar el cadáver en descomposición, tras su traslado a Granada, renunció a los placeres de este mundo y decide "nunca más servir a un señor que se pueda morir". Carlos se retiró profundamente afectado al Monasterio de Sisla (Toledo) donde permaneció varios días dedicado a la oración y la penitencia.