La Historia de Inglaterra (III)
Segunda Parte (a)
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De la Casa de Normandía a la Tudor
(Del siglo XI al siglo XXI)
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La Casa de Normandía y la Casa de Angevin
Al morir sin herederos Eduardo el Confesor (1066), el conde Harold de Wessex se apoderó del trono de Inglaterra, haciendo caso omiso de la promesa que Eduardo había hecho de nombrar heredero a Guillermo El Bastardo, más tarde El Conquistador, hijo de Roberto II duque de Normandía.
Guillermo decidió combatir la corona a Harold, reclutó un gran
ejército, cruzó el Canal de la Mancha y estableció su
campamento en Hasting. Pocos días después (14 de Octubre de
1066) obtuvo la victoria total sobre su rival, tras el asedio de Londres.
Se hizo coronar rey el día de Navidad de ese año y se impuso
a los diversos condes, ejerciendo su autoridad sobre todo el reino. Con la
dominación normanda se introdujo la lengua francesa en la isla, sobre
todo entre la nobleza y el alto clero, hecho que afectaría al vocabulario
y la sintaxis inglesas.
En 1079 perdió ante Felipe de Francia el Ducado de Normandía y el Maine. Fijó sus derechos fiscales con la creación de un registro, el "Domesday Book", que controlaba los derechos de sucesión y los traspasos de propiedades. Como el título de nobleza era inherente a la posesión territorial, casi todos los nobles eran normandos, aunque Guillermo y sus sucesores se cuidaron muy bien de que no tuvieran excesivo poder. Hizo desarmar las ciudades y construyó castillos en Londres, Winchester y otras importantes ciudades y en ellos acuarteló las tropas reales. Guillermo murió en 1087 durante la batalla contra el rey de Francia, Felipe I, por la conquista de la ciudad de Nantes.
Tanto Guillermo el Conquistador como sus sucesores, Guillermo II el Rojo
y Enrique I, reforzaron los poderes de la Iglesia con el fin de lograr su
apoyo frente a otros aspirantes al trono. Esto se volvió contra el
pretendido absolutismo de la corona, pues el papa Pascual II obligo a Enrique
I a contentarse con el homenaje de vasallaje de sus feudos. Una vez más
la monarquía inglesa, como tantas veces en su historia, tuvo que aceptar
el freno de sus súbditos, que una y otra vez impedirían el
gobierno absoluto de sus monarcas hasta la declaración, a finales del
milenio, de la democracia moderna.
Enrique I, antes de subir al trono tuvo que firmar una "Carta" prometiendo respeto a los bienes de los nobles y la iglesia, precedente histórico de la "Carta Magna" de Juan sin Tierra de 1215.
Sus descendientes Esteban de Blois (1135-1154), último rey de la Casa
normanda, y Enrique II (1154-1189), primer rey de la Casa Angevin,
se enfrentaron a la Iglesia y a los nobles provocando, el primero, una guerra
civil entre la nobleza partidaria del rey y los obispos, y el segundo, un
enfrentamiento violento con la Iglesia que culmino con el asesinato de Thomas
Beckett, reacio a la supresión de las inmunidades eclesiásticas
(Constituciones de Clarendon, 1164).
Así se inició la decadencia de la autoridad real, que se vio
agravada: por las revueltas de los hijos de Enrique contra su padre; por
los gastos de Ricardo Corazón de León (1189-1199) en la tercera
Cruzada, y por las derrotas resultado final fue la concesión de la
Carta Magna (1215), que de nuevo ponía límites a la autoridad
de la corona y creaba el
Parlamento, aunque este no quedara realmente organizado hasta 1265, cuando
se incorporaron dos representantes por ciudad a fin de frenar el monopolio
que detentaba en solitario la nobleza.
El parlamento quedó dividido en Cámara de los Lores y Cámara de los Comunes, estructura básica que sobrevive en el régimen democrático actual aunque con un equilibrio de poderes bien distinto y un sistema electoral muy diferente del de entonces. Juan sin Tierra fue el ultimo rey de la casa Angevin.
Los Plantagenet
Durante aquel caótico período las relaciones internacionales
estuvieron presididas por las constantes guerras con Francia y Escocia, y
a pesar de la conquista de Irlanda por Enrique II (1172) y la anexión
de Aquitania por su boda con la princesa Leonor, Enrique III, primer rey
Plantagenet, sumió al país en la ruina con su ambicioso sueño
de dominar Sicilia y Alemania. La nobleza, encabezada por Simón de
Monfort, conde de Leicester, limitaron aún más su autoridad,
y solo después de la derrota de la nobleza en Evesham pudo recobrar
privilegios y retornar a la estructura de la "Carta Magna".
El reino de Escocia, influido por normandos y noruegos, era vasallo de los
reyes ingleses y conoció un largo período de paz. Pero a la
muerte de su reina, Margarita de Noruega (1286-1290), el rey inglés
Eduardo I (1272-1290) arbitró la sucesión a favor de Juan Baliol;
éste, empujado por su pueblo, se rebeló. Eduardo invadió
Escocia (1296) y desterró a Juan. Hasta su muerte, Eduardo, sofocó
todo tipo de insurrección escocesa (William Wallace, recordar la película
Brave Heart, fue hecho prisionero y condenado a muerte en 1305), Robert Bruce
que se había proclamado rey de Escocia en 1306 se refugió en
las montañas y venció en la batalla de Bannock Burn (1314)
a Eduardo II (1307-1327), proclamando la independencia de Escocia.
Por otra parte, la larga lucha por la conquista de Gales había concluido
(Eduardo I) en 1284, año en que los Estatutos de Gales, dividido en
condados, sancionaron el sometimiento del país, creándose el
título de "Príncipe de Gales" para el heredero de la corona
inglesa.
La Guerra de los Cien Años
Durante el reinado de Eduardo III (1327-1377), se desató
con toda virulencia el enfrentamiento con Francia, eterno rival que alimentaba
desde hacía tiempo su
rencor por los enfrentamientos del pasado y por la dominación inglesa
de los corona de Francia a la muerte sin descendencia de Carlos IV (rama
de los Capeto).
La guerra duró ciento veinte años y conoció distintas fases. Al principio los ingleses obtuvieron grandes victorias y se anexionaron Calais, el condado de Poiton y se hicieron con la plena soberanía de Aquitania. Pero, pronto, los franceses aprovecharon la intervención de Eduardo, a favor de Pedro el Cruel, en el conflicto interno del reino de Castilla y León y recuperaron los territorios perdidos, excepto Calais, Bayona y Burdeos.
La Casa de Lancaster
A la muerte de Eduardo se produjeron en Inglaterra graves conflictos, y Ricardo II (1377-1399), último rey Plantagenet, incapaz de afrontar la situación sucumbió ante su primo Enrique de Bolingbroke, que bajo el nombre de Enrique IV (1399-1413) inicia los reinados de la Casa de Lancaster.
Enrique pasó su reinado sofocando las revueltas de los nobles y persiguiendo
herejes. Enrique V (1413-1422), su hijo, consiguió estabilizar el estado
y alcanzó una memorable victoria sobre los franceses en Azincourt (1415),
tomó Ruan y se alió con el duque de Borgoña e impuso
al rey de Francia, Carlos VI, el Tratado de Troyes (1420) por el que se nombraba
sucesor del reino francés a su muerte. Pero su imprevisto abandono
de este valle de lágrimas frustró las expectativas inglesas
tras las victorias conseguidas.
Un niño de pocos meses subió al trono como Enrique VI (1422-1461), y Carlos VII de Francia, en 1449, aprovechando nuevos desordenes internos en Inglaterra y la incapacidad del joven rey, recuperó Normandía y la Guyana. Los ingleses pensaron que su rey, casado, desde 1445, con la francesa Margarita de Anjou, les había traicionado y apoyaron al duque de York, que logró ser nombrado Lord Protector durante una enfermedad del monarca. El duque se propuso tomar el trono apoyado por las clases medias y los lobardos, secta herética de predicadores ambulantes; esto desembocó en una larga contienda civil.
Los seguidores del duque adoptaron como emblema una rosa blanca y los del rey una rosa roja, por lo que el conflicto fue conocido como la Guerra de las Dos Rosas (1445-1485). El duque, tras sus iniciales victorias, fue finalmente derrotado por las tropas de la reina Margarita y ejecutado en Wakefield (1460).
La Casa de York
El hijo del difunto duque, triunfo sobre las tropas reales en la batalla de Mortimer´s Cross, ocupo Londres, se hizo proclamar rey con el nombre de Eduardo IV (1461-1470 y 1471-1483) y derroto al resto de sus adversarios en Townton, huyendo la reina a Francia. En 1470, Margarita desembarcó en Inglaterra, liberó a Enrique y puso en fuga al usurpador. Pero Eduardo consiguió nuevos aliados y derrotó a sus enemigos en Barnet y en Tewkebury (1471). Aquello fue una matanza y los que no murieron en el campo de batalla fueron después asesinados, incluido Enrique. Solo se salvó, una vez más, la reina que fue rescatada por Luis XI de Francia.
Eduardo sembró el terror durante el resto de su reinado.
A su muerte se hizo
con el reino su hermano el duque de Gloucester que no dudó en asesinar
al pequeño hijo y sucesor de Enrique, Eduardo V (Abril-Junio 1483).
Reinó como Ricardo III (1483-1485) pero su crimen revolucionó
al país, e incluso el duque de Buckingham, que había apoyado
al usurpador, formó parte de una conjura para devolver el trono a
Enrique Tudor, conde de Richmond, a quien la reina Margarita, desde Francia,
había prometido la mano de su hija Isabel. Pero la conjura de Buckingham
fracasó y fue ajusticiado en 1483. Dos años más tarde,
Enrique Tudor desembarcaba en Gales y derrotaba al tirano en Bosworth (1485).
La Casa de Tudor
Enrique VII Tudor (1485-1509) no tenía derecho al trono al estar vivo un sobrino de Eduardo IV y, por tanto, al no haberse extinguido la Casa de York, tuvo que resistir los intentos de derrocamiento. Pero Enrique actuó hábilmente estableciendo tratados comerciales con Noruega, los Países Bajos y Florencia. También se acercó a España para asegurar la no intervención de Francia. Concertó el matrimonio de su hijo Arturo con la hija de Fernando el Católico; al morir Arturo, y poco antes de la suya, casó a su segundo hijo, en 1509, con Catalina de Aragón, viuda de Arturo.
Enrique VII fue el primero de una dinastía que dio gran esplendor a Inglaterra. La represión que ejerció sobre la nobleza propició el crecimiento de una burguesía en la que los Tudor se apoyaron, no solo para combatir a otros aspirantes al trono, sino también para enfrentarse con la absorbente Iglesia Católica.
Enrique VIII (1509-1547) entró a formar parte de la Liga Santa contra
Luis XII que fue derrotado y obligado a firmar la paz en 1514. Más
tarde apoyó a Carlos I de España en su enfrentamiento con el
rey francés, Francisco I, que fue derrotado en la batalla de Pavía
(1525) y encarcelado en la Torre de los Lujanes, de la madrileña Plaza
de la Villa. El encarcelamiento del rey francés supuso el ocaso de
la dinastía de los Habsburgo en Europa.
El poder territorial alcanzado por el emperador español le
obligó a establecer una alianza con el Papa, con el histórico
fin inglés de restablecer el equilibrio de
poder en Europa. Pero el repudio de su primera esposa, Catalina, hija del
emperador, y su boda con Ana Bolena hizo fracasar la alianza con Roma, dando
lugar a la ruptura definitiva con el Papa y a su designación como
cabeza de la Iglesia en las islas británicas (Acta de Supremacía
de 1534).
Tomas Moro y el cardenal Fisher fueron decapitados por oponerse a esta decisión. En 1536 y tras acusar a Ana Bolena de adulterio, la hizo decapitar y se casó con Jane Seymour que murió de parto un año después. Contrajo matrimonio de conveniencia con Ana de Cleveris que fue repudiada en (1540) al encapricharse con Catalina de Howard, capricho efímero que duró dos años y terminó con la cabeza de Catalina bajo el hacha del verdugo "REAL". Su última esposa, Catalina Parr, consiguió sobrevivirle.
El enfrentamiento de Enrique con la Iglesia Católica le causó
graves problemas internos pero el rey consiguió centralizar y unificar
el sistema de gobierno. Desarrollo las funciones del parlamento aumentando
las atribuciones de las dos cámaras y su poder. Durante su reinado
se sentaron las bases de la futura potencia marina y mercantil inglesa. Y
en general, a pesar de sus excesos y de haber abierto un cisma religioso interno
de nefastas consecuencias sociopolíticas para el futuro de los católicos,
fue un rey querido por su pueblo.
Su sucesor, Eduardo VI (1547-1553), al contar con once años de edad, dio lugar a la regencia de su tío Eduardo Seymour. Seymour, duque de Somerset, permitió que los sacerdotes se casaran, prohibió la iconografía en las iglesias y el agua bendita. A la muerte de Eduardo, la proclamación de Juana Grey (Lady Jane), cuyo reinado duró nueve días, no tuvo éxito, pues la mayor parte del país se mantenía fiel a la hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, María.
María I la Católica (1553-1558)
contrajo matrimonio con Felipe II de España y se empeñó
en la difícil tarea de restablecer el catolicismo. Abolió las
normas dictadas por su padre y por Seymour y desencadenó una ola de
terror por la persecución y ajusticiamiento de los herejes. Todo esto
unido a la pérdida de Calais en la guerra contra Francia, inducida
por su esposo, supuso el fin de su reinado y su muerte. La subida al trono
de su hermana Isabel (1558-1603), hija de Ana Bolena, abrió la etapa
cumbre del esplendor inglés en todos los ámbitos.
Isabel I Tudor
Nació en Greenwich, allá donde el meridiano 0, en
1533. Tuvo una vida difícil antes de subir al trono y durante aquella
peligrosa época supo hacer honor a la
sentencia de Confucio "Si te llaman acude, sino lo hacen, ocúltate."
Isabel había sido declarada hija ilegítima tras la ejecución
por adulterio de su madre. Su hermana, María I Tudor, la odiaba cordialmente,
y como se había hecho sospechosa de connivencia con los protestantes
fue encerrada en la Torre de Londres y obligada a abjurar del protestantismo
bajo la amenaza de ser eliminada de la línea sucesoria de la corona.
Subió al trono en 1558, a la muerte de María, e inició
una política de aislamiento del resto de Europa, que durante muchos
siglos fue un peculiar rasgo en el comportamiento inglés. Para paliar
las tensiones internas demostró, al principio de su reinado, grandes
dotes de pragmatismo diplomático. En 1560 logró expulsar de
Escocia a los franceses, al derrotar a la nueva regente, María de
Guisa. En 1563 declaró de nuevo vigente la "Carta de Supremacía"
y asumió el mando de la iglesia Anglicana. Fue excomulgada en 1570
y se hizo intransigente con su política interna, iniciando la persecución
de los sacerdotes católicos por considerarles responsables de entendimiento
con España.
Antes de continuar hagamos un pequeño paréntesis para relatar la relación de Isabel con María Estuardo.
Isabel y María Estuardo
En Escocia, desde el principio de la Reforma, existió siempre una abierta oposición. Ya en 1525, el parlamento escocés prohibió la importación de escritos sobre la doctrina de Lutero. Una Escocia protestante habría roto su tradicional alianza con Francia y se habría abierto a Inglaterra, como se pretendió desde la corona inglesa mediante un proyecto de matrimonio entre Eduardo VI y María Estuardo, que reinó en Escocia desde 1542. El cardenal escocés Beaton rompió ese proyecto y envió a la hoguera al caudillo de los reformadores, George Wishart, pero poco después, en 1546, fue asesinado por los fanáticos de la Reforma.
Durante la regencia de María Lorena, la reina viuda, cada día más unida a Francia, se propició el matrimonio de María Estuardo con Francisco II de Francia (1558). La noticia causó un terrible impacto entre los reformadores ingleses que bajo la política de reposición del catolicismo, seguido por María Tudor, se había visto obligados a exiliarse a Escocia. A la muerte de Francisco II, María Estuardo regresó a Escocia y tejió una tupida red de intrigas para hacerse con el trono inglés, de la que ella misma acabó siendo la principal víctima. Isabel fue incomprensiblemente tolerante con ella, pero la mantuvo prisionera durante diecinueve años. En 1578, María fue ajusticiada al ser descubierta una conjura contra la reina amparada por los españoles. Diez años después Isabel culminaría su venganza contra España con la derrota, en 1588, de la Armada Invencible.
El triunfo sobre España logró empalidecer los dolorosos sucesos de los últimos años, como fueron la desaparición de sus más fieles consejeros, las críticas a su política y la condena de su favorito el conde de Essex.
Isabel Tudor supo fundar su autoridad casi absoluta en un perfecto entendimiento con el Parlamento, en un claro compromiso con la iglesia Anglicana y en una política filoprotestante y anticatólica. Los católicos se vieron privados de sus derechos políticos y de otras muchas condiciones de ciudadanía en la Inglaterra protestante.
Durante su reinado se asentaron las bases del dominio ultramarino inglés y se fundó en Virginia (1584) la primera colonia europea de Norteamérica. Cabe destacar su abierto apoyo a los corsarios ingleses, eficaz azote de la armada española, entre los que destacó Sir Francis Drake.
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(Continúa) De la
Casa Lancaster a la Windsor
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Indice general:
La Historia de Inglaterra
- Primera Parte
Desde el Paleolítico a los Normandos
(Del siglo XXX aC. al XI)
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Del Paleolítico
a la Invasión Romana (I)
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De la Invasión
Anglosajona a los Normandos (II)
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Segunda parte de la Historia
de Inglaterra
De los Normandos a los Windsor.
(Desde el siglo XI al XXI)
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De la Casa de Normandía
a la Tudor (III)
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De la Casa Estuardo a
la Windsor (y IV)
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