Desde el siglo el siglo III, la Inglaterra romana venía sufriendo
serias incursiones de los sajones que desvastaban las poblaciones costeras
del Oeste antes de ser rechazadas. A finales del siglo IV, la mayor parte
de las legiones habían partido hacia el Continente para reforzar la
defensa de un imperio que daba sus últimas boqueadas en su parte occidental.
Incluso cuando Estilicón pidió refuerzos para defender Roma
de los ataques de Vándalos y Borgoñeses las legiones que acudieron
estaban formadas en gran proporción por soldados celtas. Ante la progresiva
falta de protección en que se iba encontrando la isla, a principios
del siglo V, Britania fue invadida por los Pictios y Escotos del norte. Los
Bretones , ante la avalancha, pidieron auxilio a los sajones del Continente,
que una vez repelieron la agresión, y ante la debilidad que observaron
en la defensa interna, convirtieron el auxilio inicial en una invasión
en toda regla. Los Anglos y los Jutos también se sumaron a esta aventura
e invadieron Britania.
Los Sajones, procedentes de la región que se extiende entre el Elba y el Rin, se establecieron en la parte meridional del Támesis, en lo que serían más tarde los reinos de Wessex (Oeste), Essex (Este) y Sussex (Sur).
Los Anglos procedían del territorio comprendido entre el Elba y la península de Jutlandia y se asentaron al norte de Essex (reino de East Anglia) en la región entre los ríos Humber y Firth of Forth ( reino de Northumbria) y también en la zona central al este de Gales (reino de Mercia).
Los Jutos, menos numerosos y procedentes de Jutlandia se instalaron en Kent y en la isla de Wight (reino de Kent).
Todos estos pueblos eran politeístas, hablaban la misma lengua y usaban las mismas armas. En el siglo VII, los siete reinos mencionados se había consolidado gracias a las frecuentes alianzas entre miembros de las distintas familias que habitaban cada región.
De todas formas la conquista no fue fácil pues los britones/celtas
opusieron durante mucho tiempo gran resistencia a la invasión; de esa
época procede la leyenda del Rey Arturo que narra las gestas de Arturo
y sus caballeros contra la invasión anglosajona. Los bretones no sometidos
se refugiaron en las colinas del Oeste y serán sus descendientes los
que junto a Irlandeses y Escoceses propaguen el cristianismo que bajo la
dominación romana ya se había extendido, a finales del siglo
IV, de Irlanda a Escocia por obra de San Columbano, enviado de la iglesia
irlandesa. Los celtas también encontraron refugio en el Continente,
estableciéndose en la Bretaña francesa, "La pequeña
Britannia".
Los sajones eran hombres de temperamento vehemente "...de grandes
cuerpos, tez blanca con grandes ojos azules y cabello rubio rojizo...". Sus
mujeres eran castas y los
matrimonios puros. Hombres serios y leales, cuya principal afición
era la guerra. Los nativos huían de los poblados ante su sola proximidad,
pero los sajones, después del saqueo no querían habitar, por
superstición, las ciudades conquistadas y construían sus viviendas
en sus afueras. Se asentaban en comunidades de diez a treinta familias gobernadas
por el "Thane", autoridad también encargada de recoger los impuestos.
Entre estas comunidades se iban tejiendo alianzas que daban origen a unidades
políticas más grandes que llegaron a configurar los siete reinos
citados y más tarde el reino de Inglaterra.
El Witan era el consejo de sabios que decidía la sucesión al
trono en cada reino, siempre entre los miembros de una misma familia, pero
el título de rey no era siempre hereditario.
Los reinos se dividían en "shires", de ahí el nombre de condados
actuales como Yorkshire, Wilshire, Oxforshire, etc. que coinciden en extensión
con los reinos de entonces. El "shire" se componía de "hundreds" o
grupos de cien familias a cuyo frente estaba un "sheriff" o representante
del rey; los "hundreds", a su vez, se descomponían en "tuns" (towns)
o aldeas. Como es fácil entender, esta organización social se
fue consolidando con el paso de los siglos.
La justicia era ejercida por una asamblea "El Tribunal del Shire". A cada
hombre se le asignaba un valor económico. Cantidad que era recibida
por él o su familia en caso de accidente o muerte (el principio asegurador
había nacido). Este valor o cantidad era la misma que el asegurado
debía pagar al rey en caso de tener que rescatar su vida. El precio
de un noble era seis veces el de un hombre libre y su juramento también
tenía seis veces más valor. Hecho de extrema importancia a
la hora de resolver los pleitos en los que cada una de las partes en litigio
debía aportar testigos que decidían el juicio en función
del número de juramentos aportados por cada parte. A falta de testigos
los encausados eran sometidos a curiosas
pruebas, como las del agua y el fuego. La del agua consistía en sumergir
al juzgado, si el cuerpo se hundía a plomo significaba culpabilidad.
La del fuego suponía aplicar un hierro candente en la mano o el cuerpo
del acusado, si la herida sanaba en pocas días el hombre era absuelto.
Los anglosajones siempre conservaron la predilección por resolver sus diferencias mediante las asambleas o comités locales, lejos de recurrir a las burocracias centrales; esta costumbre les salvó a lo largo de la historia de inútiles reyertas desintegradoras e incluso de guerras civiles.
La religión
Los sajones que invadieron Inglaterra tenían sus dioses. Thor, Odín, Freya, etc. que dieron nombre a los días
de la semana, Thursday, Friday, vivían en el Walhalla, donde las Valkirias,
vírgenes guerreras, transportaban los muertos en combate para introducirles
en una nueva vida sobrenatural llena de placeres. Al
principio se resistieron tercamente al cristianismo que ya se había
extendido por el Continente. San Agustín, enviado por el Papa Gregorio
el Grande que se sirvió de los monjes benedictinos para la conversión
de Britania, fue el evangelizador que consiguió la conversión
de Ethelberto de Kent (560-616) que fue el primer rey cristiano y santo sajón.
La táctica empleada para la evangelización de Inglaterra
se basaba en "...no se sube a saltos a la cima de la montaña, sino
poco a poco, paso a paso". Se utilizaron los templos paganos, cambiando reliquias
e iconos, y la catequesis comenzó por impartirse en primer lugar a
las clases altas. Agustín y cuarenta monjes se instalaron en Canterbury,
capital del condado de Kent, y, desde entonces, sede oficial de la Iglesia
Romana en Bretaña; y Agustín recibió poderes del Papa
para nombrar obispos. La
relación entre los bretones cristianos y los nuevos católicos
romanos se hicieron cada vez más tirantes, hasta que los primeros
rompieron su relación con Roma. Los primeros evangelizaban a las clases
bajas y los segundos a las altas, prestando especial atención a las
mujeres. Y así quedaron las cosas hasta que en el siglo VIII, Oswy,
rey de Northumbria convertido al cristianismo por los Bretones cristianos,
consiguió de nuevo la unificación de los ritos y toda Inglaterra
formó parte de la Iglesia Romana.
Desde la conversión de Ethelberto, el condado de Kent detentó
una clara hegemonía política sobre los demás reinos,
pero fue el rey Egberto (802-839) quien logró imponerse, convirtiéndose
en el primer soberano inglés, precursor de la actual Isabel II. Pero
esta situación se vio pronto amenazada por la masiva invasión
Danesa.
La literatura sajona
Su mejor representación es el Beowulf, adaptación a la ideología
cristiana de la epopeya nórdica, que fue realizada por un monje inglés.
La obra ha sido comparada con la Iliada de Homero, donde Hércules
asume el papel de Aquiles, un Hércules que tiene mucho que ver con
el Sigfrido teutón. Tanto en los poemas anglosajones como en los homéricos
están representadas las edades heroicas, aquellas épocas en
las que el hombre se hace más independiente de los clanes y familias.
Las pasiones individuales prevalecen sobre las políticas y el héroe
es un ser valeroso, fiel a unos ideales y capaz de realizar insólitas
hazañas. Un tipo de personaje que da paso, entre los siglos X y XIII,
a la figura del "Caballero".
Las invasiones danesas.
Las tribus paganas de Suecia, Noruega y Dinamarca apenas tuvieron contacto con la civilización romana, pero sin embargo habían visto sufrir a los sajones del Continente la influencia del cristianismo de tiempos de Carlomagno y asumieron que las naciones cristianas eran sus enemigos naturales. Esta fue una de las causas de las invasiones nórdicas que las naciones cristianas continentales venían sufriendo desde la caída del Imperio Romano, especialmente por parte de suecos y noruegos. Los Vikingos daneses comenzaron a invadir las islas británicas en el siglo VIII. Primero cayó Irlanda y después lo hicieron Northumbria, Mercia y Wessex. Durante los siglos IX y X se entabló una permanente lucha entre ingleses y daneses por el predominio en el resto de los reinos y, en cierta medida, también en los territorios ya conquistados.
Los Daneses, aunque bárbaros, tenían leyes, dominaban la artesanía y disfrutaban de cierto desarrollo literario. Dominaban el mar a pesar de sus embarcaciones de poco calado y envergadura y eran grandes y temibles guerreros; sus relucientes y eficaces cotas de malla, el casco de acero y el excelente dominio del hacha de guerra, potenciaban su valor en la batalla. El inmediato efecto de las invasiones danesas sobre los anglosajones fue la creación de un ejército profesional, como mucho antes, desde la caída del Imperio Romano, había ocurrido en otras naciones continentales.
A los soldados profesionales se les pagaba mediante la concesión de
tierras y el oficio militar se convirtió en la profesión de
una clase a la que los demás respetaban por suponerles protección
permanente. Hasta entonces, todos los hombres debían defender sus territorios
y las armas eran parte del ajuar familiar. La modernización del armamento
fue también fundamental para la constitución del ejército
profesional, ya que su coste no estaba al alcance de los que por todo equipamiento
de guerra habían dispuesto de arco, flechas y espada. Como en el resto
de Europa, la creación del ejército conllevó, como una
necesidad, la aparición del feudalismo ya que el estado central no
era lo suficientemente fuerte; aquel "ninguna tierra sin su señor"
dio paso a un radical giro de la organización social. Por otro lado,
las invasiones danesas hicieron disminuir drásticamente los enfrentamientos
entre los reinos anglosajones y aunque el reinado de Egbert de Wessex se
vio seriamente comprometido la oposición generalizada al invasor dio
más tarde sus frutos.
Los reyes anglosajones sabían hacer de su nobleza una aristocracia de servicio más que de nacimiento. El rey sajón no era un rey absoluto, ni la monarquía era hereditaria. El Witan, consejo de sabios, decidía con él o por él y el rey no era nada sin sus "Thanes", ni ellos sin él. La imagen del soberano justo, celebrando consejo para el bien de todos, era una imagen sólidamente impresa en los súbditos, y así ha quedado grabada en el espíritu inglés. Reyes providenciales, como Alfredo el Grande (871-899), han ido surgiendo a lo largo de la historia inglesa, cada vez que la institución parecía palidecer o los acontecimientos adversos lo requerían, reyes, como Eduardo I, Enrique VII o la reina Victoria, entre otros, fueron un buen ejemplo en la positiva historia de la monarquía inglesa.
Alfredo el Grande (871-899), hijo del rey Aethelwulf, fue un rey casi legendario;
educado en el fragor de los combates con los daneses, decían de él:
"...tiene la energía de los de salud quebradiza que quieren ser fuertes".
Alfredo se distinguió en la lucha contra el danés; el Witan
lo eligió rey y después de sus primeros fracasos, en la lucha
contra los invasores, se refugió en la Isla de Athelney. En esta isla
se encontró enterrado, en el siglo XVIII, el famoso "Joyel de Alfredo",
pieza de incalculable valor que hoy se exhibe en el museo de Oxford. Alfredo
consiguió reunir un ejército entre los campesinos y llegó
a acorralar a los daneses, consiguiendo su rendición. Guthrum, el
rey danés, y veintinueve de sus jefes recibieron bautismo cristiano.
A partir de entonces, los daneses quedaron dueños del Este y del Norte
y Alfredo reinó al sur de la frontera entre Wessex y Danelaw.
Sin la tenacidad de este hombre el destino de Inglaterra no hubiera sido
el mismo; transformó el ejército, la justicia y la educación;
creó una flota, fortificó ciudades y fundó grandes escuelas
para los hijos de los nobles y de los hombres libres y ricos. Tradujo, el
mismo, varias obras del latín, para poner la cultura al alcance de
todos, y de su reinado proceden las primeras crónicas anglosajonas,
en las que , a partir de entonces, quedaron reflejados los principales acontecimientos
del reino. Logró liberar Wessex, Sussex y Kent, a oeste del río
Lee, gracias a la firma del tratado de Wedmore, tras la derrota danesa de
Edington (878). Sus sucesores conquistaron Marcia y Northumbria, y el rey
Athelstan (925-940) volvió a ser rey de
todas las Bretañas. Durante el largo intervalo de paz, se pudo reorganizar
la cultura monástica, desmantelada por los daneses, y se produjo un
gradual desarrollo de las tradiciones carolingias, influencia que se advierte
en muchas iglesias, por el uso de la pilastra estriada y las ventanas abocinadas.
En la pintura, el rápido desarrollo del realismo se prolongó
hasta la edad media. Manuscritos y paramentos de altares fueron ejemplo para
escultores, que trasladaron a sus bajorrelieves las figuras bizantinas de
salterios y el motivo de los ángeles en los basamentos. Muchos de
los trabajos realizados en aquella época son buena muestra de la estrecha
relación entre artistas ingleses y alemanes y del gradual acercamiento
a formas naturales en el arte.
Pero la paz se vio interrumpida de nuevo. Un mal rey, Ethelred, tuvo
que empezar a ceder ante la progresiva presión invasora de los daneses.
A la muerte de su hijo y heredero, Edmundo de Ironside, el Witan decidió
nombrar rey al hermano del rey de Dinamarca, Knut, un joven de 23 años
que reinó como "Canuto el Grande". "Todo el país- dicen las
crónicas- eligió a Knut y se sometió de buen grado al
hombre, jefe del ejército danés, contra el que había
luchado intentando resistir la invasión". Canuto
convocó, en 1018, una gran asamblea en la que concilió a ingleses
y daneses, jurando respetar las leyes y tradiciones anglosajonas. Fue generoso
con la Iglesia y llegó a peregrinar a Roma. Convertido al cristianismo,
se volvió tan piadoso que colocó la corona sobre el altar mayor
de la catedral de Winchester para demostrar que dios es el único rey.
A la muerte de su hermano, el rey de Dinamarca, asumió la corona danesa,
conquistó Noruega y llegó a recibir homenaje del rey de Escocia.
A la muerte de su sucesor, Canuto Hardknud, en 1042, el Witan, ante la lucha
por el trono, devolvió la corona a la dinastía sajona en la
figura de Eduardo el Confesor (1042-1066).
Eduardo, educado en Normandía, contrajo matrimonio, a pesar de su
voto de castidad, con la hija de Godwin, duque de Normandía. Eduardo
se rodeó de consejeros normandos y, entre ellos, eligió a Roberto
de Jumieges como Arzobispo de Canterbury. Fue dispensado por el Papa de su
voto de peregrinar a Roma a cambio de la construcción de la Abadía
de Westminster; construyó en las cercanías su palacio y trasladó
la corte desde Londres. Eduardo alcanzó, durante su reinado, una gran
popularidad entre el pueblo. Fue el último rey anglosajón antes
de la conquista normanda y el pueblo convirtió su memoria en el símbolo
de la Inglaterra independiente.
Tras su muerte, Harold II, cuñado de Eduardo, reinó escasos meses, pues Guillermo el Bastardo (más tarde, Guillermo el Conquistador), Duque de Normandía, invadió la isla para asegurar su pretendido derecho al trono, aspiración que hizo realidad tras su victoria en la batalla de Hastings (1066). Esto supuso para los ingleses una gran humillación al pasar a depender de los duques normandos, y, para Harold, supuso el final de su breve reinado y de su vida.
No obstante, el concepto germánico de monarquía electiva fue conservado, pues el derecho de elección concernía a la nación y, en su nombre, al Witan, consejo de nobles y prelados; aunque, de hecho, la transmisión de la corona se hizo prácticamente hereditaria.